Hasta mañana, o cuando sea…

En mi caso fue tal que un 29 de Febrero, en el suyo un 12 de Septiembre, ambos del 76. Los dos hemos visto cosas que, aunque las creeríais, probablemente os tuvieseis que forzar a vosotros mismos hacia un acto de fe. Quizás no en todo lo que os hemos contado hasta este momento, pero sí sabemos, o al menos hemos tratado de ser conscientes de que, probablemente, muchas cosas os suenen a chino. Y bajo esa premisa hemos intentado hacer este documento-legado-penúltima voluntad lo más realista posible.

Llevamos años aportando tanto como podemos. Material de todo tipo, desde textos describiendo lo que vemos hasta, por supuesto, vídeos y fotografías de ello.

Es curioso que una de las cosas que ha hecho posible todo esto, como es el tiempo, sea una de las cosas de las que nos hemos liberado. Ahora, en este punto de la línea, no estamos sujetos a él ni, por supuesto, somos esclavos de las horas.

No es plan de restregaoslo por la cara. Está claro, esto que hacemos mola. Mucho. Pero, como todo, tiene sus ‘inconvenientes’. O ventajas, según se mire. Y es a lo que voy, todo depende de la percepción. Absolutamente todo. Nada está sujeto a un vertical que explique el cómo son las cosas. Cómo se suceden o cómo dejan de suceder.

¿Y cuan ambiguo es todo esto eh? Cualquiera diría que estoy desvariando. Ahora lo entendereis. Prefiero explicaros de qué hablo antes de desde donde lo hago o mejor aún, como he llegado hasta aquí, hasta esta situación y cómo lo hago.

Sigo.

Trabajé de charcutero durante 35 años en un mercado en una calle perdida de Madrid. De esas chiquititas que huelen a entremeses. A entremeses de los buenos, ojo con eso. Me regocijo al poder decirlo. Mi trabajo olía bien. Y sus alrededores se beneficiaban de ello.

Ella, sin embargo, trabajaba en un organismo del cual no recuerdo ni su nombre. Era funcionaria, de las que toman café. Sin embargo, pese al topicazo se esforzaba cada día en hacer bien su trabajo. Un trabajo del cual dependía el bienestar de muchas personas que mal que me pese estaban bien jodidos. Podeis llamarlo ONG, podeis llamarlo como querais, ella dedicó su vida a los demás y aquí está a mi lado con los ojos clavados en mis manos mientras escribo esto. Y ríe, y llora y, ahora, en este instante, mira para otro lado. Es curioso que aunque no podais verla, ni imaginarla, siente vergüenza por ello. Siempre fue de esas personas que sin negar el saludo se ponía muy roja cuando la hablabas. Para mí, es un síntoma de que era buena persona, y no me equivocaba, ni me equivoqué. El tiempo del verbo ahora mismo ya no es lo importante.

Hace ya 16 años que nos embarcamos en todo esto, entre el 2030 y el 2035. No logro calcularlo muy bien. Siempre fuimos personas que nos movímos mucho. En un mismo lugar, sí, pero nunca estacionados. El amor por la naturaleza nos llevó a ello.

Los viajes espaciales estaban a la orden del día. No para toda la población pero sí para muchos de ellos. Esa clase media-alta que nos hicieron pensar que éramos no tenía acceso a ellos, no mientras no ahorrasemos toda la vida para aquello, como fue nuestro caso. Dedicamos nuestra vida entera, a disfrutar de nuestra compañía para en un futuro, poder seguir disfrutando de ella. No recuerdo muy bien cuantos años nos llevó hacernos con esa cifra de dinero, pero fueron unos cuantos. De todas formas, ahorramos por un lado y gastamos por otro. Nuestro ‘medio de locomoción’ se viene con nosotros. Aunque prescindimos del billete de vuelta.

Y aquí estamos, enfrascados en un viaje de ‘sólo ida’ anunciando que ya ha llegado el momento. Hemos saciado nuestras ganas de recordar, de repasar momentos, de escuchar este silencio tan peculiar, de abrazarnos y hemos decidido que debe ser ya.

Sobre las trazas de nuestro viaje no tenemos ni idea. Toqueteamos todos los botones de control de rumbo a menudo. Nos gusta, pese a todo, influir en nuestro devenir.

Ahora mismo por la única ventanilla de la que disponemos se puede observar un planeta bastante verde, gaseoso parece. No logramos atisbar si tras esas nubes de colores hay alguna corteza escondida. Dudamos que tenga nombre, así que, si se nos permite le vamos a llamar no se, Cactus.

Las bases de este viaje decían que aún perminitiendonoslo tendríamos que actuar en favor de la ciencia, y así lo hemos hecho. La cantidad de documentación que hemos recopilado es densa, grande e inusual. Un gran aporte creemos. Las relaciones que hemos tenido con vosotros siempre han sido unilaterales y no exigentes de reciprocidad. Lo dejamos claro al partir, nosotros solo enviamos, no queremos saber nada.

Esta siempre fue nuestra utópica forma de dejarnos ir y a fuerza de buscarla la hemos encontrado. Hemos perdido la noción del tiempo, del espacio y de muchas otras cosas más. Para nosotros no existen ‘las 10 en punto’ ni el amanecer, ni la primavera, ni el ayer, ni el pasado mañana. Tampoco existe el dónde, ni el lugar. No existe la contabilidad, ni la economía. No tenemos que ahorrar. Tampoco existen las guerras, ni las bombas, al menos no las de ese tipo. No existe el capitalismo, ni el Zara, ni la Fórmula 1. No hay mundial de fútbol, ni programas de televisión, ni prensa.

Solo estamos ella y yo.

Es curioso que nuestro amor pese a ir siempre a la par nunca fue del todo simétrico. Nacimos el mismo año, sí, pero yo tendré entre 17 y 18 años y ella más de 70. Eso sí, las arrugas recorren nuestras caras por igual. Gracias a esto lo hemos conseguido, hemos obviado el tiempo y vamos a tener la más dulce de las muertes. No tenemos edad, ni estamos en edad de nada ni dejamos de hacerlo. No somos personas de ninguna edad precisamente porque no sabemos cuantos años tenemos.

Nos daremos las manos, quizás la bese en la frente, pegados, y haremos eso que nos dijeron nos permitiría ir. No duele, vamos a ver. Nos iremos, juntos, a nadie sabe donde. De hecho, aún así no pararemos de movernos (otra vez el cómo influye la percepción aún en su propia ausencia). Aquí en el espacio no existe el rozamiento. Vamos a la deriva por un mar de estrellas y cometas, de nubes de gas y de asteroides. De soles y de planetas y de un sinfín de cosas más para las que no tengo nombre. La fauna y la flora de este oscuro océano no les tiene nada que envidiar a sus homónimos terrestres.

Sin más, desde nadie sabe cuantos años luz… hasta mañana, o cuando sea.

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