De la conducta humana, el porqué y el para qué de nuestros actos.

Ayer bajé un rato a echar las horas en el parque, algo que creo no dejaré de hacer nunca dicho sea de paso. Hablamos en petit comité acerca de la conducta humana, del porqué y el para qué hacemos las cosas y de si realmente todo lo que hacemos está intrínsecamente ligado a un fin, un objetivo.
Por supuesto, como en todo este tipo de conversaciones onirico-filosóficas hubo, hay y habrá varias vertientes y opiniones. Todas ellas respetables por supuesto. Y hago un inciso; porque es lo bueno que tengo o tenemos mis amigos y yo que, con algún que otro matiz, siempre solemos respetarnos los turnos a la hora de hablar. No es algo que se prepare y a veces no funciona pero al menos las conversaciones no se acaban por convertir en un sucedáneo de un coloquio futbolero. Aunque todo es desglosable en ideas más básicas sí que hubo dos que predominaron sobre el resto y son las que paso a explicar no sin antes recordar la pregunta para que os situeis mejor. Todo lo que hacemos… ¿lo hacemos por y para algo?

A: Sí. Y lo explico. El argumento principal de esta idea radica en la propia naturaleza del ser humano por decirlo de alguna manera. Si todo lo que hiciesemos no lo hiciesemos por y para algo seríamos seres estáticos. Esto, claro está, es imposible porque tenemos una serie de necesidades básicas y fisiológicas como es el comer, el dormir o el follar (hacer el amor y leré vaya) que nos empujan directamente a ocuparnos de ellas lo que en sí mismo ya es un para que. Para sobrevivir. Pero hay otra serie de cosas más gratuitas en las que tomamos  más parte en la toma de decisiones que podrían ser prescindibles y sin embargo, con todo eso, las hacemos. Otra forma de verlo es que todo lo que hacemos se puede desglosar en un por y un para qué innatos. Porque nos apetece y para saciar esa apetencia luego sí, todo lo que hacemos lo hacemos por y para algo.

B: No. Y lo explico. El argumento principal que se tomó para esta opinión radicaba en dos puntos muy claros. Partimos de la base en la que todos estábamos de acuerdo en la cual aceptábamos que existen conductas aleatorias como es, por ejemplo, coger un tenedor, sin pensar, aletoriamente entre todos los que están a tu disposición cuando vas a ir a comer. Pues bien, hay una serie de conductas en las que los que defienden este ‘No’ del que hablamos promovían la idea en la cual, a veces, en la toma de decisiones no hay ni porqués ni paraqués. Hay cosas que simplemente se hacen porque, y para que lo entendais, en el momento de hacerlas se pueden elegir hacer otras también incoscientemente, como si de un abanico de tenedores se pusiese a nuestra disposición. ¿porqué decido sentarme aquí en la playa y no un poco más allá? ¿o no sentarme?
Y el otro punto con el que se basaba era el cual explicaba la idea en la cual se acepta que todas las conductas humanas pueden tener un porqué y un paraqué a posteriori. Siempre, una vez hecho el hecho, valga la redundancia, es posible acordar de forma más o menos lógica porqué y paraqué se llevó a cabo. Pero, a priori, en el momento de la acción, todo lo que hacemos ¿lo hacemos por algo?

Vale, el tema es harto complicado y propenso a numerosas interpretaciones. Aquellos que dijeron que sí, que todo se hace por algo, defendían que todo como unidad más básica se puede llegar a desglosar en la apetencia. Todo lo que hago lo hago porque me apetece, porque me gusta, o porque sí, pero eso ya es un porqué. Claro, aquí entramos ya en un debate cuasi semántico pues como son cosas no medibles ni cuantificables ¿dónde ponemos el límite de un porqué y un para qué? ¿dónde empieza y acaba cada uno? Para otros una apetencia no era un porqué sino más bien un impuslo. Porque no se decide. Como un beso, un abrazo o vete tú a saber.

Yo, ya que estoy, era de los que defendía que No, que no todo lo que hacemos lo hacemos por algo y para algo. Me niego a pensar que el porqué de todo lo que haga venga ya precedido de un algo porque por consiguiente quiere decir que todo lo que haga influye, por muy minúsculo del acto en el devenir de las cosas. En lo cual puedo llegar a coincidir de hecho pero, ¿influye de una manera palpable en ese devenir? Me jode pensar que todos seamos más que una pieza de un jodido efecto mariposa gigante que comenzaría en, yo que sé, el big bang y acabaría (en este momento) en que yo escriba esta entrada. Y que el hecho de que existamos o de que mis padres se hayan conocido para que yo esté aquí no sea más que la consecuencia de una retahíla de acciones-efecto enormemente grande. Más que nada porque esto va ligado intrinsecamente con la existencia del destino y en eso sí que no creo. Seguro.

Ala, ahí queda eso. ¿qué opinais?

Gracias a Kike, Elena, Jesus (sin tilde) y Nacho. Sin la conversación que tuve con ellos no sería posible que hubiese escrito esto.

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Un comentario en “De la conducta humana, el porqué y el para qué de nuestros actos.

  1. y al final en el “mestizaje” suele estar la solución, claro que hay cosas que las hacemos por y/o para algo,sería de necios negarlo; pero claro que tambien hay cosas que hacemos, sin más, al menos en el momento de la acción. Pero el ser humano en su afan de darle un sentido racional-transcendental-coherente-inteligible (toma ya), no solo a su existencia sino al mundo que nos rodea, tiende a negar que algo no tenga una explicación mas o menos plausible y mucho menos aún que aunque la hubiera, esta escapara a nuestras capacidades. En mi opinión el simple hecho de buscarle un sentido a un determinado suceso, ese simple hecho de buscarlo, ya se lo esta dando. Porque siempre podras buscar antecedendes de los hechos, analizar la acción que motiva la busqueda, y escudriñar todo lo que paso despues del hecho motivo de estudio. Con todos esos datos, dejando en la cuneta, por su puesto, todo lo que perturbe la lógica, podras darle un sentido, (un porque y un para que)fin ultimo por el que habiamos empezado a analizar una determinada situación.

    Impulsos vs apetencia, dos conceptos situados en un mismo continuo,¿la diferencia podria ser el grado de reflexión o consciencia?
    Seguiremos filosofando ahora ducha y villalba a comer

    Responder

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