La desconceptualización

Una de las cosas buenas que tiene Twitter (independientemente del poder que tiene comunicacionalmente hablando…) es que a menudo te encuentras con frases que te hacen pensar y acabas desarrollando una idea. Bueno, es una idea que ya tenía hace tiempo pero con ciertos retoques.

Os pongo una tweet-conversación:

– “Las adversidades hacen grande el triunfo” – @PapelImaginado

– “No existe el triunfo, sólo personas que se saben vencedoras” – @MMunera

– “Ya es bastante. Uno es lo que piensa que es ;)” – @PapelImaginado

– “No soy amigo de las ideas. No se puede ser un concepto porque sin el lenguaje no seríamos nada. Para ser solo hay que sentir”. – @MMunera

– “Entonces sentiremos que somos ;)” – @PapelImaginado

(Gracias de paso a @PapelImaginado por la conversación)

Lo que viene a decir que somos poco más o menos exclavos del lenguaje, de la gramática y de las palabras en sí mismas y es algo que deberíamos tratar de mermar en la medida de lo posible. Si no pudiesemos expresar lo que queremos ser no podríamos ser nada morfosintácticamente hablando claro está.

Una mesa, por ejemplo. Uno puede imaginarla en su cabeza pero expresar su concepto de una forma no cualitativa es poco más o menos que imposible. Y ea, que soy consciente de lo hipócrita que puede resultar esto. El lenguaje y las formas de comunicación son lo que nos hacen una civilización y no hay que prescindir de ello. Pero por momentos nos vemos envueltos en datos, estadísticas y formas de comunicación cuantitativas basadas absolutamente en el lenguaje.

La unidad como concepto. La universalidad de las matemáticas. El número Pi. Lo puedes llamar como te salga de allí mismo pero “uno” de lo que sea es “uno” aquí y a cien años luz. Y con la relación del radio respecto del perímetro de una circunferencia pasa lo mismo. En el idioma que sea. Una unidad es una unidad. Y pi es pi.

¿Los sistemas de referencia influyen? Por supuesto, no vengo yo ahora a tirar por tierra toda la relatividad de Einstein (la especial, no la general). Las cosas mejor verlas como un niño, sabiendo sus características sin ponerles nombre. Obviando la dureza y el peso, la blancura y su utilidad. La memoria de la materia es infinita, no lo olvidemos. Así hacemos todo más humano y de paso avivamos el niño que todos llevamos dentro. Es un esfuerzo bastante metafísico y suena a comedura de tarro de cojones, lo sé, pero por momentos mola.

Lo que vengo a decir es que ya no todo depende sólo de como lo percibamos (que también) sino que depende de como lo contemos y eso acota el significado final de las cosas. Se merma el contenido de la información porque las ideas son de cada uno y en el camino se obvian detalles que no son “tan triviales”. Nada es explicable al 100%.

Hay gente que vive para contarlo. Yo prefiero decir que hay gente que vive para sentirlo.

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