A fuerza de:

La mayoría de los que me conocéis un poquito me habréis escuchado decir alguna vez algo como “El optimismo está infravalorado” o algún tipo de sucedáneo por el estilo. De su relación con el karma o de cómo a base de pensar que algo va a salir bien acaba haciéndolo y se convierte, a la vez, en una causa-consecuencia. La profecía autocumplida, el efecto pigmalión o llámalo equis.

Viene a ser en el fondo lo mismo pero dicho de otra manera. El caso es que cuando te tiras un año detrás de algo (como en mi caso ha sido el voluntariado o, más indagando en el problema, el cambio del ordenador por las personas) y al final lo consigues la recompensa es doble. Pero es doble porque a pesar de los baches, de todas esas cosas que a veces te tocan los cojones y te pueden hacer venirte a bajo uno mismo se lo salta a la torera. Y no duda. Y confía. Y palante. Es el hecho de no dudar nunca en que las cosas van a salir bien el que te hace que luego te sientas mucho mejor. Eso y el prestarle atención al primer peldaño de la escalera. Sólo al primero. Porque siempre hay que tener puesto el ojo en el primer peldaño del resto de la escalera. Se tropieza si se mira al final de ella.

Os animo, desde este post chorra a que pongais todas las ganas posibles en todo aquello que buscais. Que al final todo sale bien y si no está bien entonces es que no era el final. Mantener la actitud. Que no se diga!

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