De mi impacto Cochabambino, su gente y demás…

Bolivia (Cochabamba, La Paz)Hará un par de meses salí hacia Bolivia, Cochabamba, donde he estado enclavado durante un tiempo mientras me empapaba de su contexto, de su pintura y del lienzo. Lo que no sabía es que todo lo que allí iba a encontrar terminaría por dar vuelta y media a un montón de raciocinios sin razón que estaban anclados en mi cabeza desde hace ya mucho tiempo.

http://www.flickr.com/photos/mmunera/sets/72157627970931942/show/

He podido observar, no sin cierto espacio de respeto, una sociedad marcada por el contraste social que supone esa mezcla de indígena y contemporaneidad. Del amor por el cuidado de las costumbres y las raíces frente a la voluntad de progreso que sociedades capitalistas, bien lejos de donde ellos están, se venden como el mejor producto de Apple. Y pasa que, cuando te compras algo así, estás pagando mucha marca. Allí pasa igual y un tono de mierda se incrusta en esas venas de América Latina de las que hablaba Galeano, personaje idolatrado y con razón. Llama a las puertas de cada casa, de cada ciudad y dice “Oigan ustedes, soy yo, esa otra forma de hacer las cosas que, sin tener ni idea de cómo funciona, ustedes tendrán que aplicar. En oposición, de no hacerlo, se les etiquetará. Ustedes, todos aquellos que deseen pensar y cuestionarse ciertos porqués, serán llamados de ahora en adelante indígenas. Entendiendo esto último como antiprogreso, retrógado y en una clave y lenguaje más de a pie, antipáticos. Seréis personas no-amigables pues lastran y lastrarán a los que no desean pensar”. Porque ser indígena es de lo peor que te puede pasar, pues en contra del progreso estás.

Lo poco que he visto de américa latina, con lo enorme en mi cabeza, me ha mostrado una pintura social encrucijada donde realmente lo peor que se puede encontrar es lo que yo llamaría “agringado”. Todo aquel que “bondadoso y humano”, busca un progreso vendido eficazmente, perdiendo todo aquello que le precede y de donde viene por el camino. Eso se debe olvidar. De eso te has de avergonzar, piensan algunos.

Me comentaban cierta gente Quechua que la educación se ha occidentalizado. Que simplemente se busca la escolarización como fin y no como medio. A mí eso me suena. Que se mata la creatividad y se reniega de la herencia, del que pela papas, del que siembra el trigo y de todo lo habido y por haber. Pero esta fuerza que no se ve, inocua por definición, no-palpable, que es ese modelo económico que todo lo rige, empuja y tiene la fuerza de otra de estas como es la gravedad. Te ata y te marea. Y mareados por el dinero y por el sueño euroamericano de la felicidad del inconformismo y el agasaje, mucha gente se ha visto llevada por el movimiento y el caudal de una corriente de mercantileo y monetarización de las cosas más abstractas que se puedan imaginar. De la mercantilización hasta del sentir.

Mente colonizada me dijeron que se llama.

Y en ciertas familias de por allá ocurre que el racismo, el machismo, el casquerío y demás expresiones de la coartación de la libertad se manifiestan en la familia, en lo más básico de la estructura social, en el puto núcleo de la cebolla. Familias donde al ‘varoncito’ más clarito de piel se le manda a La Paz o a Cochabamba a estudiar y donde el más oscurito irá a otro lugar “más para él”. Con suerte. La mujer, no entra siquiera dentro de la elección, no hay posibilidad para ella. Ella cuidará de los que tenga que cuidar, “que para eso está” piensan. Nacen en un marco que las obliga a completar las vidas del resto, a ser ese todoterreno en el que el resto se apoyarán para cumplir sus objetivos que, ciertamente, nunca cesarán pues ese mercado que todo lo cubre, te dice que tienes que llegar a más.

No saben que ya están donde deben estar, que todo lo que necesitan para ser felices en muchos casos ya lo tienen a su alcance. Que solo hay que querer. Y ahora me he vuelto de allá, desubicado y desoncertado. Y ocurre de igual manera que si agarras a un buzo recién salido del agua y lo metes en un avión a 5000 metros de altura. En efecto, enfermará, y tú, que vuelves con todo eso en tu cabeza sin tener ni idea de hasta que punto te ha calado sufres un mal por la presión de subir a esa nube sin proceso y aclimatación ninguna. Que esa escafandra cuesta quitarla con precisión, sin que haga daño, sin que el contraste social no te aplaste y te deje entre venas abiertas que nunca cicatrizarán.

Me han robado el corazón y no tiene pinta de que me lo vayan a devolver.

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