Por qué me considero #quincemayista

Acampada Sol. Foto de Julio Albarrán

Desde que comenzó el 15M una jauría de definiciones sobre lo que es y deja de ser me rondan la cabeza. Dependiendo de con quién hable y del contexto de la conversación la definición puede ser, en forma, radicalmente opuesta a otra que salive en otro momento. Normalmente y en mi caso suelo llevar este tipo de definiciones a la parte sociológica de todo el embrollo, a las personas y a nuestra forma de entendernos, de leernos y de respetarnos.

Lejos de toda la historia de como fue mi 15M, como llegué hasta él o como llegó él hasta mí voy un poco a, digamos, declarar por qué me considero quincemayista.

En las relaciones personales soy una persona bastante invasiva, lo reconozco. Me suelo saltar bastante a la torera muchos protocolos con el consiguiente rechazo por parte de algunos y el cariño de otros, algo normal y que entiendo. A mí me gusta dar abrazos desde el minuto uno, ponerle nombre y apellidos a los sentimientos y suelo mostrar bastante fácilmente mis debilidades. ¿Qué tiene esto que ver con el 15M? Pues mucho. El 15M ha conseguido instaurar un tratamiento en todo esto excepcional. Desde mi punto de vista, y es algo en lo que estoy convencido, la mayoría de la gente está deseosa de conocerse. Estamos deseando que nos saltemos ese salto que nos hace lejanos o extraños los unos con los otros pues que conocer gente es un placer de la vida no es nada nuevo.
Desde el mismo momento de la acampada se habla de sentimientos de una forma muchísimo más abierta, se eliminan los prejuicios y además, se tiene el valor de, importante, mostrar defectos, y hacer público el error al cometerlo. Nos alejamos del individualismo que nos metieron en el cole, de esa competición que rehuye del beneficio de los intangibles. De repente, como si nada, se tiene como precepto que cualquier conversación puede ser pedagogía, se tiene presente de una manera mucho más formalizada que siempre se puede aprender y que todos los días se hacen cosas buenas. Que, unos con otros, nos servimos de algo.

Por otro lado, una de las peticiones más presentes dentro de todo el movimiento es la representatividad dentro de la política. Otra vez, me considero quincemayista por el imaginario que propone el poder delegar tu propia vida en alguien que no conoces y que la responsabilidad que tal cosa lleva ligada sea recíproca. De igual manera que unos confiaban en mí, a ciegas, yo lo hacía en otros. Y la suma de minorías hacía la mayoría. Y todo cuenta. Es absolutamente curioso enamorarse en cierto sentido de la sensación inherente que da el saber que allá, al otro lado de la plaza o cuatro barrios más al sur hay gente que sí me representa. Gente a la que, probablemente, en muchos casos no vea nunca en mi vida.

Sí, también me considero quincemayista por todo ese precedente que sienta en el barrio. Esa forma de acercar la política al vecino y de eliminar cualquier actor pasivo en ella. De la simpleza que propone la pasión con la que se hacen las cosas y esa nueva forma de lo urbano, donde se amistad, amor y vecindad se unen.

Me considero quincemayista también porque he mejorado. Me habéis mejorado. Todos con los que he tenido la posibilidad de charlar. Ideas que se clavan en tu mente y que adoptas como tuyas. Es un paso más dentro de la cultura libre, un proceso en el que nos influimos unos a otros y adoptamos las idea como nuestras, y cuando creemos que es correcta, se hace pedagogía con ella y se difunde sin sentir que estés robando nada ni estés pasando por encima de ninguna propiedad intelectual. Cuanto más hablemos entre nosotros, mejor. Eso es incensurable. Llevarnos los unos a los otros hacia el librepensar y ser capaces de llegar a conclusiones lógicas, íntegras y basadas en el respeto.

Pero sobre todo y por encima de todo, lejos del marco propositivo del 15M (con el que también suelo estar de acuerdo) me considero quincemayista porque, como ya he dicho alguna vez, el 15M me ha dado y me da la posibilidad de enamorarme a diario y varias veces al día de personas que hacen de la humildad su metodología. De sentirme orgulloso y afortunado de saber que hay una masa pensante que me rodea y que sin conocerme se preocupa por mí. Es de recibo darle ese valor público y tratar de cuidarlo.

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