Mea culpa, mea culpa, mea máxima culpa.

Hoy sale el rey por la tele, y esta vez no es para dar su discurso de navidad. Podría haber sido, de paso, un híbrido entre estos y haber metido entre medias su ya famoso “Todos somos iguales ante la ley” pero no.

Ahora una legión de Juancarlistas están detrás alabando la integridad del rey. Y yo me pregunto, ¿cuál es el precedente que se siente ahora? Si todos somos iguales ante la ley, tal y como él dijo ¿me valdrá a mí con pedir perdón cuando haga uso de la resistencia pasiva, por ejemplo? ¿Le puedo pedir perdón al banco cuando me quiera desahuciar?
Esta época en la que vivimos nos exige responsabilidades a todos, a todos los niveles. Desde el económico o de consumo hasta el humano y empático, pasando por el deber de informarse y hacerlo bien, de politizarse y hacerlo bien pero sin embargo todo este margen en la línea de tiempo, por lo que se ve, resiste matices, grises e interpretaciones hasta el absurdo.

Parece como si su perdón fuese más de lo que como ciudadanos estamos en la potestad y el derecho de exigir y se tilda como algo excepcional por su parte. No nos engañemos, lo raro habría sido que no lo pidiese. Cuando las cosas son así de obvias el perdón no es tal, es simplemente protocolo. Es más, en este caso hacemos un acto de denuncia pública porque conocemos tales hechos, ¿cuántos otros no están en el discurso actual?

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