El erotismo de lo que nace y muere.

En Abril de 2013 nacerá un nuevo movimiento social. El #4A.

El #4A será representativo de una sociedad cansada y marcada por la desilusión del vacío político. Será horizontal. Creará nuevas metodologías de incursión política “de a pie”, que nos representen. Será la voz de los sin voz. De entre esas metodologías aparecerá una completamente nueva y revolucionaria. El ascensor. Espacio político donde los haya, que da cabida a charlas y discursos de cada uno. La gente irá a trabajar pensando solo en salir de ahí para ir al ascensor a debatir. Subirá y bajará cientos de veces diarias. Como los del primero usan las escaleras y el #4A es un movimiento inclusivo, los debates de ascensor se retransmitirán por el micro del susodicho aparato. Cuando se haya llegado a un punto en común se tocará la campanita, indicador claro y sin precedentes de que se ha llegado a un acuerdo. Este será, inequívocamente un sello de identidad del movimiento. Habrá quien, de paso, y mareado por tanto vaivén dejará el movimiento por el camino. Que le da claustrofobia perder tanto tiempo en el ascensor. Que le da igual, que el estaba ahí porque el resto también lo hacía dirá.

Esta nueva metodología impulsará a mucha gente a salir de casa, a coger el ascensor y a preocuparse de lo que pasa. A no hacer oídos sordos.

Pasarán los días y tras tantas idas y venidas de ascensor, de azotea a sótano, del 3º al 8º se corroborará que es imposible seguir con esa metodología, que hay vecinos en el 4º y el 8º que pasan del #4A pero que quieren seguir usando su ascensor. Que a ellos se la suda. El movimiento, inteligente, decidirá no irse, sino mudarse. A las escaleras, al descansillo.

Se buzoneará a cada vecino con panfletos de 140 caracteres con etiquetas que rezarán, a modo organizativo, cosas como #tomaeldescansillo #tomalasescaleras.

Tan solo un par de medios le dan cabida a todo lo que rodea al #4A de una manera objetiva, desde donde se valora realmente el carácter de pensamiento crítico y las ganas de hacer y de asociación de la gente. Social es uno de ellos. Es un periódico que nació con la idea de dar cabida a un periodismo responsable y sin fisuras, riguroso y objetivo pero sobre todo crítico con lo que le rodea. Este periódico se agotó el día que salió.

Pasará el tiempo y los descansillos y las escaleras cada vez estarán más vacíos. Los grupos de trabajo se trasladarán a las casas a las de cada uno. Porque, y esto es algo importante, el #4A enseñará al mundo lo que verdaderamente supone el poder de asociación, del colectivo, de la innovación en tiempos de crisis y de la creatividad que supone sacar algo adelante cuando los recursos son finitos y a su vez escasos.
La mayoría aprenderemos que, el grupo está antes que el individuo, que la Teoría de juegos de John Nash era correcta y que Adam Smith se equivocaba. Se sentará un precedente enorme. El #4A se convertirá en un ente que vigilará a las clases políticas y eliminará la desidia de la población y cada vez se tardará menos en salir al descansillo. Pero el #4A será también algo silencioso. Será una idea, un concepto, una metodología. Nadie sabrá quién forma parte del #4A lejos de la individualidad de cada uno.
Alguien empezará a hacer un documental sobre el #4A el #5A.
Los más responsables atacarán realidades e imaginarios cerca de sus propios mundos. El grueso del #4A no será tan grueso pero seguirá teniendo un poder de convocatoria enorme, al menos cuando las injusticias sean demasiado patentes y toquen, aunque sea de refilón, a los vecinos. EL #4A será entendido y pasará a la historia como el primer movimiento social de la primera semana de Abril de 2012.

Más tarde el periódico Social entrará en una quiebra difícil de superar pero superable. Alguien tendrá una idea definitiva, la salvación del papel. Como hay mucha gente que quiere que el periódico siga anunciarán su cierre a diario. La mayoría, por lo que es considerado el principio de escasez, querrá obtener  ese último ejemplar en papel de Social. Así, Social vivirá durante muchos años gracias al anuncio de su muerte. Los días en que las cosas que no venden van a dejar de venderse, se agotan. #nopreguntenporqué

Pero entonces su muerte se convertirá en lo cotidiano, con lo que la gente dejará de comprarlo. Así, el periódico Social subsistirá y morirá, al mismo tiempo, gracias al anuncio de su muerte.

“Aún conservo su primer último ejemplar” “Yo el quinto último ejemplar” y así…

Ese mismo año, y algunos venideros, nuevos movimientos sociales aparecerán, hasta el consiguiente acabado a base hashtags del calendario romano. Se fomentará el pensamiento crítico de la gente y su poder de alienación gracias a la exclusividad y al erotismo del pertenecer a este tipo de movimientos. Su convocatoria y repercusión será perecedera pero en su nacimiento, está la clave de su poder. No hay nadie que no quiera ser padrino de un #EquisEne.

“Yo estuve allí”, “Y allí”, “Y allá”.

Repelo el mundo en que vivo pero estoy enamorado de las personas. El 15M me acercó a gente imposible e hizo plausible que me enamorara varias veces al día. Puro amor de sintonía, amor a la inquietud de aquellas personas que hacen de la humildad su metodología.

Que el activismo no sea para la galería, que la militancia no se convierta en moda, que nuestra integridad radique en ser útiles y no en ser importantes. Si todo eso pasa, durará.

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De mi impacto Cochabambino, su gente y demás…

Bolivia (Cochabamba, La Paz)Hará un par de meses salí hacia Bolivia, Cochabamba, donde he estado enclavado durante un tiempo mientras me empapaba de su contexto, de su pintura y del lienzo. Lo que no sabía es que todo lo que allí iba a encontrar terminaría por dar vuelta y media a un montón de raciocinios sin razón que estaban anclados en mi cabeza desde hace ya mucho tiempo.

http://www.flickr.com/photos/mmunera/sets/72157627970931942/show/

He podido observar, no sin cierto espacio de respeto, una sociedad marcada por el contraste social que supone esa mezcla de indígena y contemporaneidad. Del amor por el cuidado de las costumbres y las raíces frente a la voluntad de progreso que sociedades capitalistas, bien lejos de donde ellos están, se venden como el mejor producto de Apple. Y pasa que, cuando te compras algo así, estás pagando mucha marca. Allí pasa igual y un tono de mierda se incrusta en esas venas de América Latina de las que hablaba Galeano, personaje idolatrado y con razón. Llama a las puertas de cada casa, de cada ciudad y dice “Oigan ustedes, soy yo, esa otra forma de hacer las cosas que, sin tener ni idea de cómo funciona, ustedes tendrán que aplicar. En oposición, de no hacerlo, se les etiquetará. Ustedes, todos aquellos que deseen pensar y cuestionarse ciertos porqués, serán llamados de ahora en adelante indígenas. Entendiendo esto último como antiprogreso, retrógado y en una clave y lenguaje más de a pie, antipáticos. Seréis personas no-amigables pues lastran y lastrarán a los que no desean pensar”. Porque ser indígena es de lo peor que te puede pasar, pues en contra del progreso estás.

Lo poco que he visto de américa latina, con lo enorme en mi cabeza, me ha mostrado una pintura social encrucijada donde realmente lo peor que se puede encontrar es lo que yo llamaría “agringado”. Todo aquel que “bondadoso y humano”, busca un progreso vendido eficazmente, perdiendo todo aquello que le precede y de donde viene por el camino. Eso se debe olvidar. De eso te has de avergonzar, piensan algunos.

Me comentaban cierta gente Quechua que la educación se ha occidentalizado. Que simplemente se busca la escolarización como fin y no como medio. A mí eso me suena. Que se mata la creatividad y se reniega de la herencia, del que pela papas, del que siembra el trigo y de todo lo habido y por haber. Pero esta fuerza que no se ve, inocua por definición, no-palpable, que es ese modelo económico que todo lo rige, empuja y tiene la fuerza de otra de estas como es la gravedad. Te ata y te marea. Y mareados por el dinero y por el sueño euroamericano de la felicidad del inconformismo y el agasaje, mucha gente se ha visto llevada por el movimiento y el caudal de una corriente de mercantileo y monetarización de las cosas más abstractas que se puedan imaginar. De la mercantilización hasta del sentir.

Mente colonizada me dijeron que se llama.

Y en ciertas familias de por allá ocurre que el racismo, el machismo, el casquerío y demás expresiones de la coartación de la libertad se manifiestan en la familia, en lo más básico de la estructura social, en el puto núcleo de la cebolla. Familias donde al ‘varoncito’ más clarito de piel se le manda a La Paz o a Cochabamba a estudiar y donde el más oscurito irá a otro lugar “más para él”. Con suerte. La mujer, no entra siquiera dentro de la elección, no hay posibilidad para ella. Ella cuidará de los que tenga que cuidar, “que para eso está” piensan. Nacen en un marco que las obliga a completar las vidas del resto, a ser ese todoterreno en el que el resto se apoyarán para cumplir sus objetivos que, ciertamente, nunca cesarán pues ese mercado que todo lo cubre, te dice que tienes que llegar a más.

No saben que ya están donde deben estar, que todo lo que necesitan para ser felices en muchos casos ya lo tienen a su alcance. Que solo hay que querer. Y ahora me he vuelto de allá, desubicado y desoncertado. Y ocurre de igual manera que si agarras a un buzo recién salido del agua y lo metes en un avión a 5000 metros de altura. En efecto, enfermará, y tú, que vuelves con todo eso en tu cabeza sin tener ni idea de hasta que punto te ha calado sufres un mal por la presión de subir a esa nube sin proceso y aclimatación ninguna. Que esa escafandra cuesta quitarla con precisión, sin que haga daño, sin que el contraste social no te aplaste y te deje entre venas abiertas que nunca cicatrizarán.

Me han robado el corazón y no tiene pinta de que me lo vayan a devolver.

De la politización espontánea, de los corrillos y las redes sociales 1.0

Mucho se ha hablado y se seguirá hablando del movimiento 15M, de Democracia Real Ya (DRY) y de acampadas varias a lo largo y ancho de nuestro globo. Yo, que he tenido la suerte de poder estar en una de ellas (concretamente en Londres), viendo como crecía desde el principio y con esa explosión, más si cabe, de optimismo desenfrenado, de ver que se puede. Bien, he sacado algunas conclusiones acerca de lo que allí ocurre, de la socialización del ser humano y de la politización espontánea de la ciudadanía.

No estamos de acuerdo. Ese vendría a ser a grandes rasgos el denominador común y el punto de encuentro de tantas y tantas personas.

Hemos tenido que ver censura, clausura de libertades a través de las flores, cuidadosamente, de manera indirecta, con tacto, sutil. Hemos tenido que ver como se defenestraba una democracia, relativizando hasta el extremo gracias y desde la suavidad del ocio, del entretenimiento. Donde se ha preferido darnos educación que educarnos con un modelo de obsolescencia obsoleto, valga la redundancia, y apretando de una manera tal a tanta gente a la vez que suceden este tipo de cosas. Es el comienzo desde la teoría del caos. Y el caos lo que tiene es que, a veces, es justo. Del caos y del efecto mariposa, causa efecto.

Hay un gran abanico de pequeñas historias, de pequeños imaginarios y realidades que es necesario contar, que es por donde se debe empezar. Lo más difícil que es movilizar a la gente está hecho y ahora que está encendida la mecha no podemos dejar que se apague. Y lo explico. Para mí lo mejor es ese flujo de información, ese de corrillo a corrillo, en cada círculo dejando que libremente se compartan inquietudes, experiencias y sentido común porque es ahí donde está el verdadero aprendizaje. Pero también desde el amor, desde la parte más humanista de todo esto. El afán por ser personas y por hacer del sentir y de la felicidad el relevo del dinero en la escala de importancia que rige este mundo. Hay que empezar educándonos mutuamente, compartiendo, para luego llegar a la politización de la ciudadanía que es una asignatura que siempre hemos tenido pendiente. Tenemos que aprender esa parte política y una vez con las herramientas y la motivación, ir a por ello.

Todo este tema de las acampadas no es otra cosa sino las redes sociales 1.0. El facebook llevado a la calle de una vez con toda la potencia para tejer una red vastísima. De ponerle contexto a las mensajes. Caras, sonidos, expresiones, tono de voz y hacerlo de una manera completamente sana, respetando el entorno, limpiando las plazas, siendo consciente del que está al lado. En definitiva, con empatía.

Sin embargo, hay que saber conservar la estructura del movimiento y, tal y como se está haciendo, creo (no lo se debido a la magnitud) ceder en ambos sentidos. Saber que, por encima de todo, por encima de todas esas diferencias que podamos tener, loables y con cabida por la diversidad que implican las culturas, todos somos seres humanos y, ahora más que nunca, nos conviene ponernos de acuerdo. Porque hay un objetivo común mucho más fuerte que el color de la piel, que el idioma, que las fronteras, que la religión, que las banderas, que los equipos de fútbol y en general por encima de todas esas cosas que o no las elegimos o se nos pone en la tesitura de elegir. Es, en resumen, la desmitificación de las etiquetas, los grupos y el girar todos en una misma dirección, por raro que parezca.

Al menos, esa es, la realidad que quiero imaginar está por venir.

Estoy completamente convencido de que puede salir bien porque nos sobra energía y no estamos solos, ni nosotros ni nadie y por otro lado sienta un precedente maravilloso como es el no esperar hasta que nos la metan hasta el fondo para tener que salir a la calle a decir lo que se piensa. Y que todo esto se haga como una actitud, con optimismo, sinceridad, humildad, justicia y sobre todo constancia, desde un espectro completamente pacífico. Demostrando los valores por el camino sin dejar que se convierta en una moda pasajera.

Acerca de:

La paleta de colores dice mucho acerca de este país. La diferencia respecto del mío es enorme y pese a que no suelo hacer diferencias fronterizas en este caso es algo especial. En realidad, supongo que en todos los casos lo es, pero este es uno de los que a mí me ha tocado vivir así que voy a tratar de relatarlo. Trato de ir tocando todo lo que me sale al paso, dejando que mi olfato me diga como se llaman las cosas. En el idioma que sea. No son pues los ojos mi principal referencia aquí pese a haber empezado hablando de colores. Son el olfato y el tacto, grandes vilipendiados de la percepción, los que me dicen más cosas acerca de como funcionan aquí las cosas. El oído, por su parte, hace su trabajo harto complicado dada la dificultad que supone, a priori, la barrera del idioma. Unos lo hacen más deprisa, otros más alto, otros simplemente no lo hacen y, los más afortunados, mueven las manos, guiñan un ojo, hacen algún que otro aspaviento y, de camino, puede que te suelten un abrazo para hacerse entender. He tratado de explicar, more or less, que necesito darle un abrazo a la gente si esta quiere que pueda empalizar con ellos. El contacto entre las personas es más que importante y, en estos días de primeras impresiones continuas, son esos achuchones los que me hacen ver si sí o si no.

Lo grisaceo –

Como decía, la escala de colores de este país es realmente asombrosa y triste a partes iguales. Los que sabéis de fotografía me entenderéis cuando os digo que la mayoría de fotogramas que son capaces de captar mis ojos tienen una saturación muy por debajo de lo normal. El rango dinámico es pequeño y la vivacidad de las cosas en las cuales estoy embebido son inocuas y raras. Es como si la mayoría de la gente tratase de quedarse muy quieta, muy muy quieta, para poder de desaparecer. Con todo y eso no lo consiguen. Polite, así lo llaman. Lo políticamente correcto, el aspecto remilgado, pijo y ese tono de voz tan Rottenmeyer hay veces que me asustan. Es como si algunas de las personas que estoy conociendo estuviesen representando un papel, como si tuviesen la necesidad de mostrarse de una manera que les han enseñado, muy a modo de ese rebaño que estoy harto de que salga a la palestra en casi todo lo que escribo pero que, aquí más que en ningún otro lugar en el cual haya estado, se hace notar.

Lo estéreo –

Tratad de imaginar un largo pasillo, como de unos veinte o treinta metros, con puertas y ventanas a los lados. Muchas. Pues así, tal y como estáis imaginando, es como es este lugar. West Homes. En la parte superior de un hospital enorme, realmente grande, vivimos doce jóvenes personas de diferentes edades. Algunos con más cosas en común que otros. Y es donde aparece la palabra idioma. Tema que ya me apasionaba en su momento pero que ahora cobra mucho más sentido ya que hay veces que no tengo todas las palabras adecuadas para decir lo que quiero decir. Y uso gestos, trato de definir conceptos a partir de otros más sencillos para los cuales si tengo las herramientas necesarias. Ayer, por ejemplo, salió el tema del optimismo aderezado con la definición de el concepto en sí mismo, de la propia fe en el tipo de Dios que cada uno tiene para sí mismo y de, como no, la desconceptualización de todo este tipo de cosas. Y se pueden decir un montón de cosas a base de infinitivos y gerundios pero a veces uno se frustra, en el buen sentido de la palabra, a la hora de tratar de contar a alguien un pensamiento o algo por el estilo. Y luego, para colmo, vuelves a hablar tu idioma (por lo que sea) y hablas como si fuera inglés, esto es, con infinitivos. La comunicación se minimaliza, los conceptos se simplifican y las cebollas aparecen para explicar todo este tipo de cosas pues estas sirven, metafóricamente hablando, como perfecto ejemplo de capas y simplificaciones varias. El núcleo de la cebolla son los sentimientos y quizás, y sólo quizás, el resto de capas empiezan a utilizar el lenguaje, las palabras, los verbos y demás herramientas como algo necesario porque no se puede explicar un concepto sin palabras. No al menos en un contexto como este. La homogeneidad de los idiomas, las pronunciaciones, el acento y demás cobran un sentido vital. Y me enseñan italiano. Y francés. Y alemán. Y galés, que es como élfico. El batiburrillo léxico-semántico roza lo absurdo, es gracioso y difícil, eso también, pero te mantiene concentrado, atento, con todos los sentidos alerta. Y miras las bocas, y la acentuación de los mofletes. Es algo que todo el mundo debería probar alguna vez en su vida.

Lo congelado –

Y es así porque aquí hace un frío al que no estaba acostumbrado. Seco, con viento, sin luz y permanente. Y tiro de radiador para acercarme a lo que conozco pero joder, no dura demasiado, porqué no reconocerlo. Además me ha dado por coger todo aquello que me encuentro y ver como está hecho. Bueno, esto es algo que ya hacía pero aquí mucho más, no se. Es difícil de explicar pero la mayoría de las cosas me parecen nuevas, es otro tipo de sociedad y aunque en la misma Europa que yo hacen las cosas diferentes. Y no hablo sólo de la moneda o el conducir del revés, no. Hablo de como venden la leche, de las colas en los supermercados, de los tickets del autobús y de un montón de cosas más.

Lo que huele y lo que no –

Y es que este es otro punto a destacar. Pasas por una calle y huele realmente raro y quizás para esta gente sea lo normal pero para mí son olores extraños. En realidad son mezclas de olores porque no puedes notar uno solo. O eso quiero creer, si una cosa huele así no quiero saber lo que es. El café es una mierda. Una puta y jodida mierda. El más caro de los solubles llamando ‘Intense’ es mil veces mejor. Creo que os podéis hacer una idea. Toda la leche parece desnatada, incluida la entera obviously. La carne es como para suicidarse. Y el jamón york, joder con el jamón york… Bebeos una botella de southern confort a las dos de la mañana, ios a acostar a las 7, levantaos a las 3 de la tarde y no bebáis gota de agua en este proceso. Podéis también chupar el asfalto y comeos dos polvorones. Tal y como quede vuestra lengua así es como es el jamón york aquí. Una jodida locura.

Lo que sabe y lo que no –

Y al párrafo anterior me remito. Gusto y olfato suelen ir de la mano y aquí no es de otra manera. El café sabe a agua. La leche sabe a agua. La fruta sabe a agua. El agua, para no desentonar, sabe a agua. Qué cosas!

Me esperan semanas de ajetreo. Os voy contando.

Tengo un plan. Hacer planes.

Cabe decir que ahora mismo estoy escribiendo desde el salón de mi casa. Y desde la cama, desde ahí también. Y sí, desde los dos sitios a la vez. Después de un día kilométrico en el que he terminado los últimos detalles con eso que llaman ‘paro’ he ido a comer pulpo a la gallega acompañado, como debe ser, de un buen albariño. Ha durado poco. Tanto Víctor (Kuku para los amigos) como yo  dimos buena cuenta de él antes de ponernos manos a la obra, literalmente. He pintado la habitación y ahora, tras dos años de negro y rojo, ha vuelto a la normalidad. Al blanco neutro. Son como las 23:50 ahora mismo y quedan poco más de 5 días para que salga hacia Wales. Juventud en acción, así lo llaman. Y aunque así es para mí son muchas cosas más.

Hará alrededor de un año y conforme pasaba el tiempo me dí cuenta que eso de la informática, aún sin poder quejarme demasiado, no era algo que me terminase de llenar. Necesitaba más movimiento, trabajar de pie y, sobre todo, con personas; requisito imprescindible que le pongo a la vida desde entonces: rodearme tanto como pueda de personas. De aprender de ellas y dar lo mejor que pueda de mí. Siempre ha sido así pero fue el ámbito laboral el que me hizo darme cuenta que si quería ser completamente feliz tenía que hacer algo con mi tiempo en el que esa inquietud estuviese presente. Apareció, como de repente, la palabra voluntariado. Dos sesiones de información y un año después todo ha salido (o está saliendo) tal y como había planeado. Tal que un 19 de Enero como ahora mismo pero en 2010 acudí a informarme sobre todo este tinglado cooperacional, a ver qué se cocía. Calculé que si mandaba todo a la mierda y me enfrascaba en todo este lío debería tener unos meses de prestación por desempleo. La fecha se alejaba hasta hoy más o menos. Un año me dije. Y aquí estoy, 365 después contando que, y a base de pensar que todo va a salir bien, efectivamente las cosas han y están saliendo bien. Que dure.

Sigo.

El plan, bien pensado, era el siguiente. Trabajar mientras pudiese de programador informático y buscar un proyecto que aunase de alguna manera las inquietudes sociales y psicológicas que, casi sin querer, he ido desarrollando. Así, y como rezaba hace un párrafo, me marcho a Wales, a un hospital psiquiátrico y una residencia de día en funciones de integrador social. La experiencia, como mínimo, se antoja curiosa.

“Ya que has abierto el melón, no pares” – Mi padre

Todo esto dura, de momento, seis meses pero, como bien dice mi padre, pretendo no parar. Es el momento de viajar, de conocer mundo. No dependo de nadie y nadie depende de mí. Lo haré.
Por otro lado una de las muchas cosas que me da energía de todo esto es la salida de esa rueda gigante del pagar y consumir. Es decir, aunque esto estrictamente literal es imposible, he conseguido, casi sin darme cuenta, cambiar de ciudad, de idioma, dejar de pagar piso, gasolina, vender el coche, tener un trabajo que desempeñar, un techo para dormir, gente nueva para conocer, tiempo para desarrollar aún más la fotografía y nada que pagar a ningún banco. Me he salido, de momento, de eso que llaman capitalismo. Estoy de puta madre… qué cojones, muy de puta madre.

Para colmo estoy recibiendo antes de irme el cariño de mucha gente que mola mucho y que me importa. Cierta personajilla me dijo la semana pasada que una de mis cosas buenas es mi capacidad de introspección. Como me sonó tan bien, y aunque me hacía una muy buena idea de lo que significaba, acudí a la wikipedia, a ver qué decía. Y cito:

“La introspeccióninspección interna es el conocimiento que el sujeto tiene de sus propios estados mentales. Así mismo es la condición previa para conseguir la interrupción del automatismo de la indignación y hacer una nueva valoración.”

Ahora casi me gusta más. Total, que, y como bien dice la cita, tras mucho pensar sobre lo que me viene mejor ha llegado el momento de hacerlo. Ahora el plan es no dejar de hacer planes. No tiene pérdida.

Siete dudas y media de casi nada.

¿Si se hace negocio con ello es arte?

¿Si tiene publicidad es política?

¿La economía es eso que habla acerca del dinero?

Haces X. Dices que has hecho X. Usas el haber hecho X como respaldo de tus convicciones y/o argumentos. ¿Eso rula?

¿Los consejos tienen derechos de autor? ¿Educadores, psicólogos y demás deberían cobrar en royalties?

¿Considerarme humilde es humilde?

¿La incertidumbre del ‘Y si…’ me acerca al final? ¿Si hay final tiene cabida la incertidumbre?

La voluntad lo es todo.

Muy al hilo del post que escribí hace un tiempo sobre el ‘activismo para la galería‘ y el debate generado en los comentarios comencé casi sin querer a desarrollar un poco esta idea. Esa idea que habla sobre la autocomplacencia, la autocondescendencia y la percepción que tenemos cada uno de nosotros mismos acerca de nuestra moralidad. Sobre esa delgada línea que separa la acción de las palabras, la voluntad, la capacidad de transgredir y el hecho de que, a priori, tengamos una actitud crítica con una ingente cantidad de cosas.

Parto de la base de que, para llegar a ser una persona auténtica (con todo lo que este amplio y abstracto concepto conlleva), esto es, alguien con la capacidad de plantearse cosas, de buscar el cambio, de ser humilde y de tener una actitud crítica desde el respeto respecto de los modelos establecidos se necesita de un proceso largo. De un contexto y un nucleo social de actitudes parecidas. Puede durar meses, años e incluso toda una vida pues éste, con el tiempo y las circustancias se depura, coge forma y se adapta al cambio a buscar. Pero que no sea una busqueda de una definición ni esa búsqueda de asociación de una idea o ética respecto de nuestra persona. Es una forma de hacer.

No dudo de que, por otro lado, siempre ha habido, hay y habrá gente que pueda llegar a conclusiones lógicas, coherentes, racionales y su modelo sea factible. Ahora, ¿hasta donde es gratuito largar una y mil ideas sobre lo que en base a nuestro criterio no va como debería de ir? ¿Dónde empieza la acción de las palabras? ¿Es equiparable a la de los actos? ¿Son las palabras una forma de actuar?

El problema reside en que, aún estando realmente convencido acerca de todo aquello que modela nuestra ética y moralidad, de todas esas cosas en las que creemos y que, puestos a charlar, somos capaces de defender a capa y espada es hipócrita y hace que pierda el sentido en sí mismo si no buscamos llegar a ello.

Me decía mi compañero de piso que “aún de acuerdo con eso, es difícil ser pionero, promover el cambio” y no le faltaba razón. Las trabas a día de hoy son difíciles y no es nada sencillo llegar hacia donde se piensa que se debe llegar pero, la voluntad lo es todo. Eso y el no olvidarse de como pensamos, de cuales son nuestros ideales, de que cosas rigen nuestro comportamiento. Ésta ética, como he dicho otras veces, no debe de ser una aptitud gratuita ni un rasgo de la personalidad, debe de ser una actitud. Creo que debemos tener presente a cada momento cómo funcionamos pues esa constante de racionalidad y ese “ponerse en tela de juicio” personal en el que encuadremos nuestros actos hará que, valga la redundancia, hagamos o dejemos de hacer ciertas cosas. Si vendemos ciertos quehaceres a modo de chascarrillo mientras hablamos de “lo mal que va todo” y se queda ahí, en simples comentarios cerveza en mano en petit comité todo habrá sido en vano y nos convertiremos en el peor hipócrita de todos, en el que, aún sabiéndolo, no hace nada por evitarlo.

Joder, yo mismo he tenido momentos en los que sinceramente no me apetecía. No me apetecía hacer o dejar de hacer, lo que fuera, pero ha sido ese “tenerlo siempre presente” y el rechazo de ser uno mismo hipócrita y además saberlo el que me ha llevado a moverme. A no quedarme quieto. E insisto, no me apetecía. Pero he sido sincero y me he cuestionado que, no vale absolutamente de nada pensar de puta madre, ser un tío legal y luego quedarme de brazos cruzados.

¿Cómo empezar? Asociándose. Está bastante claro que una persona sola no puede cambiar el mundo pero si algo he aprendido en todo este tiempo de comerme el tarro es que hay mil y una formas de ayudar. Mil reductos donde se necesita una mano. ¿Qué sabemos hacer? Esto. Lo que sea. Más que probable que puedas ayudar en algún sentido. He visto personas que con muchas más dificultades que yo han conseguido cosas extraordinarias así que, si ellas pueden, yo también. Hay que querer. Como decían en Batman Begins “se nos conoce por nuestros actos”. Pues eso.

Dicen que soy héroe, yo débil, tímido, casi insignificante, si siendo como soy hice lo que hice, imagínense lo que pueden hacer todos ustedes juntos. -Mahatma gandhi