Siete dudas y media de casi nada.

¿Si se hace negocio con ello es arte?

¿Si tiene publicidad es política?

¿La economía es eso que habla acerca del dinero?

Haces X. Dices que has hecho X. Usas el haber hecho X como respaldo de tus convicciones y/o argumentos. ¿Eso rula?

¿Los consejos tienen derechos de autor? ¿Educadores, psicólogos y demás deberían cobrar en royalties?

¿Considerarme humilde es humilde?

¿La incertidumbre del ‘Y si…’ me acerca al final? ¿Si hay final tiene cabida la incertidumbre?

A dos metros bajo tierra. Sin palabras.

Es difícil empezar una crítica como esta, sin ser imperiosamente subjetivo, sin dejarse llevar por todos esos grandes momentos que la serie te ha dado para llevarla hasta cotas superlativas. No existen palabras, ni grados de satisfacción suficientes que describan el poderoso sentimiento de complejidad sentimental que ha producido sobre uno mismo esta serie. O de cómo al terminar de ver cada capítulo quieres más. O de cómo tras verla al final te sientes lleno, completo. Lleno de ideas, y a la vez vacío porque se ha acabado el que para mí es el mayor hito artístico que se ha hecho jamás.

Las cotas que alcanza esta serie tanto a nivel argumental, como musical, como interpretativo son magnánimas. Y nótese el tono, y las palabras que uso porque no son un mero recurso pedante. Siento que si hago una crítica de esta serie, el que la lea, debe sentir, como yo, que tras ella hay algo grande, que he buscado los términos más acordes y a la vez más grandes que he podido. Y es que todo lo bueno que pueda decir es poco.

El nivel interpretativo es brutal. Para mí tanto Rachel Griffiths (Brenda), como Peter Krause (Nate) hacen unas interpretaciones tan reales, fidedignas, excepcionales que lo dicho, me quedo sin apelativos. En menor medida tanto Michael C. Hall como Lauren Ambrose (David y Claire respectivamente) hacen papeles también sobresalientes. En realidad todos los actores, con el pequeño matiz de que tanto Griffith como Krause sobresalen por encima del resto.

Hay gente que habla de bajón en la 3ª y 4ª temporada. A mí todas me parecen geniales. Bien es cierto que la 1ª y la 2ª son algo mejores. No hablo de la 5ª temporada porque me parece lo más grande que he podido ver jamás.

Por otro lado está el hecho de que la gran mayoría de la gente que ve esta serie se ve identificado con algunos de sus personajes. La implicación moral que se puede experimentar en algunos momentos puede ser muy dura. En mi caso sería la frustración por el qué hacer con mi vida y la busqueda de la creatividad que sufre Claire. Pero imagino a madres, gays, gente de color, que se han podido identificar en tantos momentos con Ruth, David o Keith que me asusta.

Antes de terminar este más que breve crítica me gustaría decir algo respecto al final de la serie. Esos 5 últimos minutos tan famosos. Es difícil catalogar esos 5 minutos como algo normal. Están por encima del arte, son como el gran colofón a una de las mayores orgías de sentimientos que hayas tenido en tu vida. Rayan a un nivel difícilmente imaginable. Por encima de las grandes obras de las que presume la humanidad como la Muralla China, la Capilla Sixtina o el Coliseum. No hay película de cine, ni libro ni canción que te haga sentir todo lo que te pueden hacer sentir esos 5 minutos si has visto la serie completa. Y no estoy exagerando, aunque claro todo esto es más que subjetivo.

No tengo palabras. Six Feet Under me ha cambiado la vida.

Probandooo, holaaa, 1, 2… probandooo…

Con la fotografía. Con ella empezó todo. Algo que siempre me había gustado de pequeño y que nunca había tenido la oportunidad de explorar. Perfecto entonces. Ahorros de un par de meses. Un pequeño desembolso inicial. Y ahora, a toquetear… Eso pensé. Me llevó al menos un par de semanas dominar ‘por completo’ (entre miles de comillas, la fotografía es algo en lo que nunca se deja de aprender) la cámara. El saber que era la velocidad de obturación, el diafragma, la sensibilidad ISO, el balance de blancos, etc… y sobre todo saber qué tipo de efectos se podían conseguir con una y otra cosa. Con el tiempo van llegando más. Eso seguro. El ojo ya lo tenía a mi modo de ver y, tras ese proceso, la técnica también.

En ese momento, cuando empecé a hacer fotos fue cuando me convertí, irremediablemente en un culo inquieto. Y desde ese día, salvo excepciones, nunca me ha vuelto a sobrar tiempo.

Y voy probando.

Y voy probando.

Hay cosas que hago que me gustan y otras que no. Que rechazo. Porque no se me dan bien o porque, como cuando te dispones a empezar una serie de TV, no te engancha.

En mi habitación ahora mismo tengo malabares varios, desde palos chinos (peter dixit), bastón de baile, diabolo y demás… Cosas que van apareciendo por ahí. Con algunos me he quedado y a otros, sin embargo, paso de ellos.

Ahora mismo estoy con la parte de creación musical con el Fruity Loop Studio y demás, a ver si hay un músico dentro de mí. Me ha dado también por hacer macramé (pulseras, collares y demás) que es algo que por lo que estoy viendo me entretiene y mucho. Por último y en el poco espacio que queda en mi habitación se han plantado como de la nada (gracias Vanesa) un caballete. Las pinturas y los lienzos ya estaban preparados así que solo falta ponerse a ello.

Y,  suponiendo que haya alguien por ahí que acabe leyendo esto, ¿con qué os apetece probar? ¿en qué estais ahora?

Yo ahora mismo estoy escribiendo. Punto.

Psé… de Inception, la ciencia ficción y demás chochos mentales…

Vale, ayer fuí al cine a ver Inception, esta película de la que llevaba tanto tiempo detrás y que no sólo no me ha drefaudado sino que ha conseguido paliar todo ese hype con el que salí ayer por la tarde dirección Kinépolis. Voy a tratar de ser escueto a la hora de hacer destripes y demás. En cualquier caso si no has visto la película te recomiendaría que no sigas leyendo. Todo lo que aquí voy a escribir esta vez podría ser, sin serlo, un spoiler monumental de el filme en sí.

Sigo.

Creo que cualquier persona que haya visto la película se habrá formulado en los cinco minutos adyacentes al final del visionado la siguiente pregunta.

¿Cómo saber qué es real?

Matrix ya hablaba de ello. Ya se enchufaban a máquinas para ir a otra serie de lugares y sí, también había arquitectos y demás pero, y soy bastante tajante en este sentido, el que quiera comparar Inception con Matrix no ha entendido nada. El tufillo de la una a la otra se huele a la legua y existen una serie de paralelismos y similitudes bastante claros pero el trasfondo no es el mismo.

Y sigo con la pregunta, que me desvío. Decía House con más acierto que otra cosa en el capítulo final de la segunda temporada lo siguiente:

“Si mi percepción está alterada mi capacidad de discernir también” – Gregory House

Y es que (creo, todo esto es una opinión, no discrimino otras que quede claro) nunca partiendo de una mentira se puede llegar a una verdad. O mejor dicho, nunca partiendo de una no-verdad se puede llegar a una realidad. Las premisas falsas acaban en falacias. De hecho, a modo de comentario sensacionalista y demagógico, diría que en esta sociedad ni desde una premisa verdadera se puede llegar a una verdad-realidad inmutable. Este tema es bastante amplio, podría ponerme a divagar de una forma exacerbada con yo que sé la Relatividad General de Einstein, La interpretación de los sueños de Freud o la Teoría de las ideas de Platón pero carecería de sentido porque la paja mental de la peli ya es, de por sí, tocapelotas.

De hecho aunque en forma parezca lo mismo creo que no lo es y la forma de formular la pregunta anterior influye. Ya no es tanto el cómo saber qué es real sino el saber qué es lo que hace a una cosa real o imaginaria.

¿Si se puede tocar es real? ¿Si se puede oler es real? ¿Si se puede amar es real? Y es cuando entramos con las preguntas que joden. Las que se salen del ámbito científico y entran dentro de lo abstractonírico-esotérico. Porque siendo cabrón esto son todo procesos de nuestro cerebro, de hormonas que nos hacen pensar que estamos oliendo algo o amando algo. Porque se pueden tener mariposas en el estómago soñando. Estímulos vaya. Que sí joder, todos hemos tenido un sueño muy muy muy real. Todos, sin distinción. Y si no, lo siento por tí lector porque mola soñar. A un servidor le mola. Pero claro, ¿se puede amar en un sueño? Encontrar a tu media naranja en un sueño tiene que ser jodido. Useasé, te conoces en la vida real, te enamoras de la idea de el/ella en la imaginaria, te caes de la cama y a currar. Así, jodiendo la marrana.

Pero si hay una pregunta que la película hace que te hagas que toca realmente los cojones es ¿aceptarías vivir en un sueño si te garantizasen que no sabrías que lo es? ¿en un sueño a tu antojo? Ea, ¿cogerías la pastilla azúl o la roja? ¿ojos que no ven, corazón que no siente? o mejor dicho… ¿meterías en una baticao a tu parte consciente y a la subcosciente y que le den? Va venga, vamos a pinchar… si te fueran infiel ¿querrías que te lo contasen?

Todo esta serie de dilemas éticos han estado presentes en muchas películas de ciencia ficción a lo largo de la historia y ya que el tema va de eso me voy a permitir el lujazo de dejar mi Top 5 particular del género.

2001: Una odisea en el espacio

Blade Runner

Inception

Matrix

Regreso al futuro 1 y 2

Me dejo en el tintero muchas más películas que me encantan como Gattaca, Minority Report, Moon (peliculón oiga!), Dune, 12 Monos, Terminator 2, District 9 y algunas más…

Ea, yo lo dejo ahí, cada uno que saque sus propias conclusiones. Intentar meteros otras en la cabeza sería de cabrón. A parte es por lo que la ciencia ficción es mi género favorito. Porque es como ver una película y leer un libro a la vez, encendiendo esa parte de tí que te lleva a imaginar y a hacerte preguntas.