Deberes de autor.

Llevo varios días en una disertación mental sobre los derechos de autor y el mundo en que vivimos. De la Ley Sinde-Wert, la Ley S.O.P.A y demás parafernalias que se empeñan en extender la vida de un modelo de negocio obsoleto, que también, valga la redudancia, tiene una obsolescencia programada y esta vez, más que nunca sin sentido alguno.

Me voy a apoyar en un pequeño fragmento que ayuda a definir bastante bien la relación autor-consumidor.

“Cuando se inicia una disertación sobre el tema del espectador en el mundo del arte es preciso hacer una advertencia capital. Este espectador existe porque ese mundo está malformado. Pretendo decir con esto que no debería existir un contemplador no autor, rigurosamente considerados ambos. Es la contrahecha estructura cultural la que permite el sinsentido de un hombre que se limita a mirar lo que otros hacen. Si admitimos esto como definición de espectador no es posible eludir la evidencia de que una tal pasividad no es humana, de que semejante indolencia creativa es algo contraria a la esencia misma de la naturaleza del hombre.

Conscientes de este desequilibrio, las buenas almas protectoras de este tinglado cultural han acuñado el eslogan de que una obra no se culmina hasta que alguien ajeno a ella la contempla. Algo que se resume en la condescendencia: hay tantas obras como contempladores.

-El espectador suspenso [Fragmento del texto de la conferencia impartida en el ciclo de la Distància: art espectador en Alicante en 1997]”

Tal y como se indica aquí y muy acertadamente existen tantas obras como observadores de esta y, por ende, no existe el creador per se, se necesita de observación para ello. Pero observación pasiva (el consumidor) y activa (el autor) pues este, se ha tenido que ver inspirado, desde el primer momento en que se tiene uso de razón, de ciertas otras obras que por el entramado cultural circulen. Se necesitan estímulos, inspiración, conocimiento cultural y contractual de situaciones y tejidos sociales que amparen e impulsen al autor en el proceso de creación de esa obra. Obra que, inconscientemente estará impregnada de un montón de particularidades reducibles por el mismo con las que, y si es honesto, será capaz de identificar (en según que tipo de obras claro está) las influencias e inspiraciones que ha tomado de otros.

El deber del autor es pues ya no tanto el de seguir produciendo obras (nótese que cambio crear por producir) para seguir en esa brecha cultural, no, es admitir y ser consciente de que un autor es a un consumidor lo que un internauta al ciudadano. Y que todo eso se tiene que devolver de alguna manera, que modelos de negocio existen que lo que se necesita principalmente es voluntad y cohesión. Cierto es que en esta cultura de la producción y el agasaje es muy difícil que convivan dos formas de ver las cosas tan radicalmente opuestas y que está en mano de los autores, de todos y a la vez, el poner en práctica la teoría de juegos de Nash y darse cuenta que, hoy más que nunca, en un mundo cortoplacista en el que viven cosas como Twitter o Facebook ha dejado de tener sentido la extensión de un modelo de negocio obsoleto y sin sentido.

Que está antes el grupo que el individuo y que ese grupo, la sociedad, también tiene unos derechos como un todo.

Iniciativas que muestran de buena manera como se puede (y en mi opinión se debe) funcionar son Bookcamping, Orsai, 15Mcc y demás donde se eliminan los mediadores, grandes destructores del autor como tal y se fomenta la cultural del procomún, de la legitimidad de la creación desde la observación de la obra y de la eliminación de la ambigüedad que exige unos derechos ya obsoletos en forma (que no en objetivo) desde hace mucho. Hay que proteger al autor, por supuesto pues todos queremos consumir cultura, pero nunca y por encima de nada se puede proteger a un autor en pos de la propiedad privada pues este, antes de autor, palabro erótico y ególatra donde los haya, fue un ciudadano que se dedicaba a mirar. Somos testigos de tiendas de aplicaciones en nuestros smartphones de aplicaciones gratis que subsisten, de grupos de música como Canteca de Macao que sacan adelante sus discos a base de crowdfunding (lo cual implica gente que fomenta la creación a priori, no a posteriori) en webs como Lanzanos o Goteo y luego se dedican a dar conciertos (a los que seguiré yendo y pagando). Los modelos de negocio están ahí, solo hay que adoptarlos.

Porque, y dejemos una cosa bien clara, cuando lo que se vende es bueno la gente lo paga. Y a Orsai y Canteca de Macao me remito. Es el creador malo el que tiene miedo de todo esto, el que necesita de esa industria anacrónica detrás que le garantice “ese 10% de lo suyo”.

Siempre me llamó la atención que, ciertas veces, cuando he decidido ir a comprar una película original, el mismo día que sale a la venta, solo encuentre la versión coleccionista entre las elegibles. De coleccionista normal a super-coleccionista. Que se fomente que el consumidor se sienta especial por ser consumidor y no al autor de ser autor porque este último, sin saberlo, ha llegado a convertirse en una máquina más de un proceso industrial de producción y el arte, como la cultura, nacieron para ser disfrutados, no consumidos.

Es algo que está en la naturaleza humana, la observación, y está tan ligada a la percepción como el emisor lo está al receptor en una conversación. Y sin uno no existe el otro.

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Tengo un plan. Hacer planes.

Cabe decir que ahora mismo estoy escribiendo desde el salón de mi casa. Y desde la cama, desde ahí también. Y sí, desde los dos sitios a la vez. Después de un día kilométrico en el que he terminado los últimos detalles con eso que llaman ‘paro’ he ido a comer pulpo a la gallega acompañado, como debe ser, de un buen albariño. Ha durado poco. Tanto Víctor (Kuku para los amigos) como yo  dimos buena cuenta de él antes de ponernos manos a la obra, literalmente. He pintado la habitación y ahora, tras dos años de negro y rojo, ha vuelto a la normalidad. Al blanco neutro. Son como las 23:50 ahora mismo y quedan poco más de 5 días para que salga hacia Wales. Juventud en acción, así lo llaman. Y aunque así es para mí son muchas cosas más.

Hará alrededor de un año y conforme pasaba el tiempo me dí cuenta que eso de la informática, aún sin poder quejarme demasiado, no era algo que me terminase de llenar. Necesitaba más movimiento, trabajar de pie y, sobre todo, con personas; requisito imprescindible que le pongo a la vida desde entonces: rodearme tanto como pueda de personas. De aprender de ellas y dar lo mejor que pueda de mí. Siempre ha sido así pero fue el ámbito laboral el que me hizo darme cuenta que si quería ser completamente feliz tenía que hacer algo con mi tiempo en el que esa inquietud estuviese presente. Apareció, como de repente, la palabra voluntariado. Dos sesiones de información y un año después todo ha salido (o está saliendo) tal y como había planeado. Tal que un 19 de Enero como ahora mismo pero en 2010 acudí a informarme sobre todo este tinglado cooperacional, a ver qué se cocía. Calculé que si mandaba todo a la mierda y me enfrascaba en todo este lío debería tener unos meses de prestación por desempleo. La fecha se alejaba hasta hoy más o menos. Un año me dije. Y aquí estoy, 365 después contando que, y a base de pensar que todo va a salir bien, efectivamente las cosas han y están saliendo bien. Que dure.

Sigo.

El plan, bien pensado, era el siguiente. Trabajar mientras pudiese de programador informático y buscar un proyecto que aunase de alguna manera las inquietudes sociales y psicológicas que, casi sin querer, he ido desarrollando. Así, y como rezaba hace un párrafo, me marcho a Wales, a un hospital psiquiátrico y una residencia de día en funciones de integrador social. La experiencia, como mínimo, se antoja curiosa.

“Ya que has abierto el melón, no pares” – Mi padre

Todo esto dura, de momento, seis meses pero, como bien dice mi padre, pretendo no parar. Es el momento de viajar, de conocer mundo. No dependo de nadie y nadie depende de mí. Lo haré.
Por otro lado una de las muchas cosas que me da energía de todo esto es la salida de esa rueda gigante del pagar y consumir. Es decir, aunque esto estrictamente literal es imposible, he conseguido, casi sin darme cuenta, cambiar de ciudad, de idioma, dejar de pagar piso, gasolina, vender el coche, tener un trabajo que desempeñar, un techo para dormir, gente nueva para conocer, tiempo para desarrollar aún más la fotografía y nada que pagar a ningún banco. Me he salido, de momento, de eso que llaman capitalismo. Estoy de puta madre… qué cojones, muy de puta madre.

Para colmo estoy recibiendo antes de irme el cariño de mucha gente que mola mucho y que me importa. Cierta personajilla me dijo la semana pasada que una de mis cosas buenas es mi capacidad de introspección. Como me sonó tan bien, y aunque me hacía una muy buena idea de lo que significaba, acudí a la wikipedia, a ver qué decía. Y cito:

“La introspeccióninspección interna es el conocimiento que el sujeto tiene de sus propios estados mentales. Así mismo es la condición previa para conseguir la interrupción del automatismo de la indignación y hacer una nueva valoración.”

Ahora casi me gusta más. Total, que, y como bien dice la cita, tras mucho pensar sobre lo que me viene mejor ha llegado el momento de hacerlo. Ahora el plan es no dejar de hacer planes. No tiene pérdida.

Definiciones

El amor es eso que pasa cuando de repente una persona llama a tus ideas y las hace cambiar de opinión. Cuando te muestra esa otra forma de ver las cosas que, estando ahí, habías obviado y te das cuenta de quea parte de su veracidad son buenas y radican en la empatía, en el amor por los pequeños detalles. En el estar atento y en disfrutar, en proteger al de al lado y aprender de él. En ser transparente, sincero y humilde. En tener presente que, por encima de todo, la vida siempre gana. Tiene que ganar. En no dudar y en permanecer optimista. Y en utilizar todo eso no como un rasgo de la personalidad. No buscar que eso te defina. No es un rasgo, es una actitud y en el poder de cuídarla y tener un pensamiento crítico sobre ella, en mantenerte alerta… en eso estás tú. Uno mismo.

7 posibles memes que me veo venir “de aquí a nada”.

– Arturo Pérez Reverte acusa a la poesía de Antonio gala de facilona y este, harto de comparaciones, se pone un escote “que no veas”. #antoniogalafacts

– Un recién matriculado en periodismo, becario y que no llega a mileurista se queja del estado del periodismo. Como solución alternativa, se tira un órdago a pares. La cafetería en Noviembre se suele petar. #algunosperiodistasfacts

– Un chaval lanza un petardo a la Moncloa causando daños irreparables, se arma la marimorena y el Gobierno decide no condenar los actos ya que “no se trata de una carrera para ver quién condena más rápido”. #gobiernofacts

– La RAE lanza una nueva norma ortográfica aunando castellano y argentino. Ahora ortografía significa escribir como el culo. La “jota” se pasa a llamar “flema”. #raefacts

– El paro aumenta al 100% y la policía se queja de que la gente se manifieste sin permiso. Que por ahí no se puede pasar. Algunos ciudadanos se quejan, “no sé dónde coño meterme”. #parofacts

– Mourinho cita a Florentino para la copa. El luso se defiende, “aquí jugamos todos”. Guardiola dice que “contestará cuando le parezca”. #moufacts

– Belén Esteban es nombrada hija predilecta del pueblo llano y pide que le traigan otra copa, que ella se está fumando un piti. #laestebanfacts

El escepticismo de lo relativo.

Por mi parte, no tengo la menor duda de que, a pesar de que sea normal esperar progresos en física, las doctrinas actuales acerca del mundo están en estos momentos más cerca de la verdad que cualquier otra. La ciencia nunca es enteramente cierta y muy a menudo es bastante falsa, pero tiene por lo general más posibilidades de ser cierta que las teorías no científicas. Por tanto es razonable aceptarla hipotéticamente.

-Bertrand Russell

Leo también en ‘Mas allá de las imposturas intelectuales’ lo siguiente:

Para ilustrar esto vamos a considerar un ejemplo que se sitúa a medio camino entre el conocimiento científico y el cotidiano: una investigación criminal. En algunos casos, ni siquiera el escéptico más acérrimo sería capaz, en la práctica, de dudar que se ha encontrado al culpable: la posesión del arma, las huellas dactilares, la prueba del ADN, documentos, el móvil del crimen, etcétera, apuntan a una misma persona. Sin embargo el camino que conduce a esos descubrimientos puede ser considerablemente complicado. El investigador tiene que tomar (relacionadas con las pistas que debe seguir o con los indicios que debe buscar) y aventurar deducciones provisionales en situaciones en las que carece totalmente de información. En casi todas las investigaciones es necesario deducir lo que no se ha observado (quién cometió el crimen) de lo observado. Y en ellas, como en la ciencia, unas deducciones son más racionales que otras. La investigación podría haber sido una chapuza, o la policía podría haber inventado los indicios. Pero no hay forma de decidir a priori, independientemente de las circunstancias, qué distingue una buena investigación de una mala, ni nadie puede garantizar por completo que una investigación determinada haya llegado al resultado correcto. Tampoco se puede escribir un tratado definitivo sobre La lógica de la investigación criminal. Sin embargo, y ésta es la clave de la cuestión, nadie duda de que, en algunas investigaciones (en las mejores), el resultado corresponde efectivamente con la realidad.

Hoy recomiendo: La guía del autoestopista galáctico

Aunque sea solo por frases como esta:

“Es un hecho importante y conocido que las cosas no siempre son… lo que parecen. Por ejemplo, en el planeta Tierra el hombre siempre supuso que era más inteligente que los delfines porque había producido muchas cosas -la rueda, Nueva York, las guerras, etcétera-, mientras que los delfines lo único que habían hecho consistía en juguetear en el agua y divertirse. Pero a la inversa, los delfines siempre creyeron que eran mucho más inteligentes que el hombre, precisamente por las mismas razones. “