De lo explícito y su cabida en los medios.

De Olivier Laban-Mattei (Haití)

Hay días en que pienso una cosa y al siguiente otra, así que simplemente lanzo la pregunta. ¿Deberían tener cabida en los medios ejemplos como los siguientes? ¿Dónde está la línea que separa el sensacionalismo, amarillismo y/o morbo de la información y las responsabilidades individuales de saberse informado? En el hipotético caso de poder elegir ver o no unos ejemplos tales ¿elegirías verlo? ¿completa la información o es simplemente puro regodeo? ¿crees que tiene alguna función empática y de concienciación para algunos el llegar a ver imágenes como las siguientes?

Lo planteo así porque no veo otra forma de hacerlo. El dilema da de sí.

Y el vídeo por el que viene todo. Es duro y cruento. 

Siete dudas y media de casi nada.

¿Si se hace negocio con ello es arte?

¿Si tiene publicidad es política?

¿La economía es eso que habla acerca del dinero?

Haces X. Dices que has hecho X. Usas el haber hecho X como respaldo de tus convicciones y/o argumentos. ¿Eso rula?

¿Los consejos tienen derechos de autor? ¿Educadores, psicólogos y demás deberían cobrar en royalties?

¿Considerarme humilde es humilde?

¿La incertidumbre del ‘Y si…’ me acerca al final? ¿Si hay final tiene cabida la incertidumbre?

Practicidad

Está el que viste de una manera porque es cómodo y está el que lo hace porque es una moda, porque quieren que esa ropa les defina de alguna manera. En este sentido como en tantos otros la practicidad dicta entonces hasta qué punto somos realmente sinceros con nuestra ética y si ésta (y por consiguiente el intento de alcanzar sus máximas) es una actitud o una aptitud que queremos que se asocie a nuestro nombre como un parámetro más.

Responsabilité

Sahara, Todra, MarrakechEl sentido de la responsabilidad social nace desde la no-complacencia con uno mismo, el pensamiento crítico y el no dejar que la percepción sobre nuestras actitudes y aptitudes nos defina. No es el “soy”, es el estoy. La actitud. Todo aquello que nos forma. Desde la moralidad y la ética, pasando por las costumbres y el arraigo cultural, la empatía y la tolerancia. Todo eso deben ser actitudes, no algo que se pueda vender al resto. No es algo que se tenga que contar al despedirte pulgar hacia arriba o guiñando un ojo. Eso y el aprender a poner en tela de juicio nuestros actos desde un espectro hipotéticamente razonable.

Contrastes: Sahara, Todra, Marrakech

Días 1 y 2:

De sentidos infinitos, direcciones cuánticas, granos de arena que se agrupan en montañas, gigantes amarillos y paletas de colores planos. De olores rojos, colores salados, contaminación y la indeterminación de los caminos. De perpendiculares infinitas, paralelas que se cruzan y la inmensidad llevada al extremo. Eso es Marrakech. Me llama mucho la atención y como decían en cierta peli “¿Sabes lo bueno que tiene el caos? Que es justo” y así es. Funciona. Volveré en una semana. Ahora rumbo a otro sitio.

Sahara, Todra, Marrakech

Tres autobuses, una furgoneta, dos 4×4, una parada en medio de la nada y 10 horas después… el desierto.

Y es aquí donde la palabra incertidumbre cobra verdaderamente sentido. Me mantiene alerta, me contagia, me da forma, me jode, me anuda el estómago y me corta la respiración. Y suspiro. Y palante. No sé muy bien en qué punto del viaje he llegado a todo este cúmulo de sensaciones… Pones un poquito de novedad, algo de alerta, risas, oscuridad por aquí, amistad por allá y aderezado todo con la velocidad que coje tu corazón en determinados momentos que sale una mezcla con más especias que un cus-cus para veinte.

Sahara, Todra, Marrakech

Día 3:

Hay algo de salinidad en el ambiente, un leve toque a cocina allá por donde vamos. Pero cocina de la buena y de la mala, todo sea dicho. Recién saboreas el mejor de los Tallines (que es el recipiente, no el contenido) una bofetada a goma quemada te solapa al jersey y te ata, sin querer, a los últimos atisbos del desodorante de nadie sabe cuando. Y vuelve la incertidumbre, vamos rumbo a un pueblo del que no se ni el nombre. A medio camino entre el Sahara de Merzouga y Algeria. Buena mezcla. Ahora, ya allí, un grupo de personas de color nos deleitan con una especie de castañuelas metálicas, una bandurria del desierto y poco más, salvo el baile, eso sí. Nos arrimamos a bailar. No me gusta la sensación que tengo. Me dedican un espectáculo por unos cuantos euros. Soy el blanco capitalista. Cocacola lo llaman ellos a modo de ironía y con bastante ingenio, porqué no decirlo (curioso símil la verdad). Es como si el valor del dinero estuviese impregnado en mi ropa y, por ende, ellos deben de ofrecerme algo y yo pagarlo a base de Dirhams. Y este olor de occidente se pega en todas las paredes y hasta en el último grano de arena de este inmenso desierto.

Cae la jodida noche que tanta alerta trae. Un enorme número de estrellas reposa sobre nuestras cabezas. Impenetrables, perpetuas e inalcanzables, sí, pero acompañándonos en estos momentos como el mejor de los amigos.

Después de una larga charla con coreano y americana incluída nos vamos a la cama. Intento transmitir algo de buen rollo en el ambiente aunque no sé si lo consigo. Unas palmas, trés o cuatro medias vueltas después volvemos a permanecer cerca de los tres hermanos. Uno que come mucho y nunca engorda. El que vuela y no vuelve y un tercero que está siempre tumbado. Fuego, humo y brasas. Mañana es el cumpleaños de Kuku y el regalo se lo doy hoy. Un poco más de charla, dicho sea de paso. Feliz no cumpleaños le digo. Y abrazos. Y tardo horas en dormir. Hay que joderse lo lento que pasa el tiempo tumbado en las haimas estas.

Sahara, Todra, Marrakech

Día 4:

Tengo una alteración brutal en toda mi percepción. Las magnitudes son maleables y todo lo que antes tenía sentido ahora carece de él. Éste, el sentido común, no escapa a ello y aquí, en el desierto, cambia como las dunas, como el viento que mueve miles de granos de arena por segundo. Bueno, qué digo miles… millones. He perdido toda referencia a la hora de comparar nada. Pero me siento de puta madre en este escondrijo lejos de casi todo y cerca de lo que más quiero, mis amigos.

Me alejo en el camino para subir a una de esas grandes dunas. Y todo influye. Las betas que genera el resbalar de la arena indican la perpendicularidad con la que se deben suceder los pasos si avanzar es lo que pretendes. Y la presión en tus pisadas… hay que ser meticuloso para avanzar más de lo que se retrocede al hundirte en ella pero al final, la recompensa es grande. La paz absoluta. Como la línea del horizonte cuando ves el mar pero en todas direcciones cambiando las gotas de agua por motas de polvo y arena. Otra vez, felicidad.

Es curioso como algo tan desierto como el desierto, valga la redundancia, puede llegar a servir de escondite. Y ahí está Pedro, incansable al igual que todos. Un guiño de ojo y ya sabemos qué cojones nos estamos queriendo decir. Rápido como una de las decenas de estrellas fugaces que puedes ver aquí en una sola noche, como el mejor de los portazos y con más información en todos estos hechos que la más grande de las bibliotecas. Me río yo de Alejandría. La complicidad y el entendimiento lleva su tiempo. Y no es con el único que me pasa que por ahí anda Elena, charla y paz infinita aseguradas entonces.

¡Hay un pozo! En la monotonía de la arena, las dunas y demás ahí está, ocre y árido, en medio de la puta nada. El contraste vuelve a ser brutal.

Llegamos al campamento bereber a dormir con una familia. Hassan y Mohammed de tres y año medio respectivamente andan por ahí con una cara de felicidad de aupa. Con los más mayores jugamos un partido de fútbol. De fondo dromedarios dunas y demás. La estampa vista desde fuera es una jodida locura. Estoy enamorado de este sitio, de este momento.

Sahara, Todra, Marrakech

Y despejo el balón y atizo un pelotazo en el culo a Kike. Acto seguido, al rebote, entro con fuerza intentando evitar que Mohammed (uno de los 5 o 6 que he conocido esta semana) llegue a la pelota y ésta, harto traicionera, rebota en su pierna, en la mía y acaba en la cara de Kike que cae desplomado al suelo. Él y todos. La risa en el desierto se contagia más fácil, debe ser la pimienta que dan a la vida estos granos de arena. Corro a pedirle perdón y nos fundimos en un “abrazo de cojones” que diríamos por aquí. Gran momento.

Pasa el rato, cus-cus por doquier, mandarina y etecés… Rumbo al medio del desierto, hoguera en mano, botellas que queman, tam tam y “castañuelas”. La liamos parda. Así, tal cual. Y celebramos el cumpleaños de Kuku por todo lo alto. Waka Waka, “saca la botella”, solo arena y estrellas. Y de vuelta a las emociones. Aquí hay de todo a cada rato que pasa. El viaje está siendo una especie de montaña rusa o mejor dicho, de duna, arriba y abajo. Y la mezcla de sensaciones me atiborra y me bloquea por momentos. Pero estoy feliz de la puta vida.

Día 5:

Partimos del desierto para ver el salir del sol tras las dunas. Llegamos al albergue. Recogemos y marchamos. En el camino conocemos a Cristina y Zulema que nos presentan a otro de los grandes personajes de este viaje, por no decir el que más, Mohammed, al que pedimos si amablemente nos lleva con él a Todra donde tiene un hostal. Dicho y hecho. En Tinghir Kike da puerta a Rashid. “Si tú te indignas, yo más” y así fue. Ole. Este falso guía se aprovechaba de nosotros amparándose en los vacíos legales que tiene la semántica y en la incertidumbre que genera el estar lejos de casi todo. Ya es historia.

Sahara, Todra, Marrakech

Llegamos muy bien a Todra aún con tiempo. Nos establecemos en Le Ciel Bleu (un lugar cuasi mágico) y damos un paseo el resto de la tarde hasta que anochece. De paso cambiamos nuestros planes y decidimos quedarnos un día más (la mejor decisión que podríamos haber tomado aunque aún no lo sabíamos) con Mohammed que se merecía, desde ya, casi cualquier cosa. Nos trató como a reyes. Escribo en el libro de oro del hostal sobre las buenas sensaciones que desde el primer momento me está dejando todo esto y cito:

“Lo bueno de pensar que todo va a salir bien es pensar que todo va a salir bien y así es y aquí estoy”

Como a las 10 de la noche se escucha la llamada. Un sinfín de regodeos, agudos y graves al aire que empapan todo este pueblo de un aroma musical que ya quisieran en muchos de los conciertos que aquí vemos. Un espectáculo.

Cena. Charla. A dormir. Yo me quedo un ratín más en la azotea, tranquilo, viendo este pueblo de película, tirando alguna foto y pensando en todo y en nada. Momento brutal.

Día 6:

Nos espera un día largo y así fue. Desayunamos a lo bestia. Café, té, zumo, mantequilla, mermelada… Delicia. Y salimos rumbo a las gargantas de Todra. Con la cantidad de tabaco que he fumado estos días mientras ando no logro saber como no me canso pero el deporte me está viniendo genial. Necesitaba sudar y cansarme. Cualquier mala vibración que pueda tener el cuerpo se expulsa por los poros a modo de té a la menta. Pasamos un maravilloso rato con Agmed y Yusef, padre e hijo respectivamente de una de las familias bereberes que viven en las cuevas de lo alto de la montaña. No existe lenguaje léxico, corporal ni sentimental que tenga las herramientas suficientes para poder describir el agradecimiento infinito que siento en este momento. Y es cosa de todos. Basta con mirarnos un breve segundo a los ojos entre nosotros para saber que estamos en paz y armonía y que daríamos lo que fuera por hacer de ese momento algo infinito. Pero se acaba. Nos tenemos que marchar. Y sigue la marcha.

Sahara, Todra, Marrakech

Y vuelve la sensación de contrastes. En un día hemos pasado de montañas de arena que se extienden por kilómetros a gigantes de piedra de más de 150 metros de altura, palmeras y riachuelos suaves y agudos.

Sahara, Todra, Marrakech

Andamos durante horas, cogemos “Taksis” y pasamos por la casa de una familia bereber que nos atiende gustosamente, té en mano, a enseñarnos el proceso de fabricación de algunas de sus alfombras. Tejido, bordado y anudado. La maña sobresale por los cuatro costados. Parece fácil pero Elena, al intentarlo, nos confirma que no lo es. Y es que en este lugar aunque nada es igual, nada ha cambiado y nada es lo que parece. La duda acecha. Mola.

Sahara, Todra, Marrakech

Volvemos. Veo barrer a gente con juncos y hojas de palmera. El adelanto tecnológico respecto de nuestra sociedad me abruma. Nos ganan por goleada. Todo es mil y una veces más sano y natural que en mi país. Y me doy cuenta, en ese momento, que no quiero que esto se acabe nunca.

Días 7 y 8:

Partimos pronto de Todra rumbo a Marrakech. Todos nos fundimos en un abrazo bestial con Mohammed que se merece todo y más. Qué tío más grande. Aún hay cabida para algo de incertidumbre pues nos dividimos. Cuatro en un Taxi y dos en otro. Y quizás no nos dé tiempo a llegar… Al final sale bien, nos damos una carrera y ahí estamos. El viaje en autobús es de recapacitación sobre lo ocurrido en toda esta semana. Llamamos a Mohammed para darle las gracias por todo aunque aún habría otra cosa más por la que darselas. Al recoger las habitaciones se encontró 800 dh de Elena en un cajón. Nos da las instrucciones necesarias para recogerlos en una tienda en el Zoco de Marrakech donde él tiene un familiar. De traca lo de este hombre. Grande hasta el final.

Sahara, Todra, Marrakech

Cenamos y volvemos al hotel a bebernos la última botella que nos queda. Jack Daniels para siete que hay invitado de excepción. Él solo francés y árabe. Nosotros solo inglés y castellano. No entendemos ni papa. Oki doki amigo. Risas por doquier. Ouazat, Hassan, Tralará, Rabat, Essan, Setan y Sevà. Y así hasta el Oki, oki, oki, oki…

Compras de última hora a la mañana siguiente. Y vuelve el regateo, algo que me llama la atención de una forma que no sé explicar. ¿Porqué si en mi país un jersey de lana en Springfield me cuesta 30 € no lo regateo aunque me parezca un robo? ¿Porque somos todos un buen rebaño y acepto, como buen sumiso, que esto es así y punto? Y aquí, aunque el precio me parezca normal ¿lo regateo porque sí? Pues no estoy por la labor, hay cosas y cosas. Es decir, ellos dan por hecho que les vas a regatear por eso su primera oferta probablemente sea siempre desorbitada. Allá donde fueres haz lo que vieres, sí, pero con sentido común. Aquí la mujer no tiene mucho valor y no por ello vengo yo y la desprestigio sin rechistar. No es algo que vaya a imitar porque sí. Con el regateo me pasa igual. Nosotros hemos regateado lo que nos ha parecido desorbitado hasta llegar a algo justo. Salomón o la cuenta bereber que ellos llamaban. Tu precio más el mío dividido entre dos. Y así fue muchas veces. Me alegro. En fín, desayuno, rumbo al aeropuerto y c’est finí.

Gracias amigos por poder disfrutar de todos vosotros y de este inolvidable viaje que es desde ya, para toda la vida. Gracias, gracias, gracias, gracias, gracias. Que se me gasten los gracias porque no hay suficientes para describir esto. Y que Juanjo es el jefe de la caravana es algo de lo que no hay duda. Que no se olvide!

Sahara, Todra, Marrakech

Sahara, Todra, Marrakech

Sahara, Todra, Marrakech

Sahara, Todra, Marrakech

Sahara, Todra, Marrakech

Sahara, Todra, Marrakech

A fuerza de:

La mayoría de los que me conocéis un poquito me habréis escuchado decir alguna vez algo como “El optimismo está infravalorado” o algún tipo de sucedáneo por el estilo. De su relación con el karma o de cómo a base de pensar que algo va a salir bien acaba haciéndolo y se convierte, a la vez, en una causa-consecuencia. La profecía autocumplida, el efecto pigmalión o llámalo equis.

Viene a ser en el fondo lo mismo pero dicho de otra manera. El caso es que cuando te tiras un año detrás de algo (como en mi caso ha sido el voluntariado o, más indagando en el problema, el cambio del ordenador por las personas) y al final lo consigues la recompensa es doble. Pero es doble porque a pesar de los baches, de todas esas cosas que a veces te tocan los cojones y te pueden hacer venirte a bajo uno mismo se lo salta a la torera. Y no duda. Y confía. Y palante. Es el hecho de no dudar nunca en que las cosas van a salir bien el que te hace que luego te sientas mucho mejor. Eso y el prestarle atención al primer peldaño de la escalera. Sólo al primero. Porque siempre hay que tener puesto el ojo en el primer peldaño del resto de la escalera. Se tropieza si se mira al final de ella.

Os animo, desde este post chorra a que pongais todas las ganas posibles en todo aquello que buscais. Que al final todo sale bien y si no está bien entonces es que no era el final. Mantener la actitud. Que no se diga!