Fixmedia.org, el siguiente paso.

El periodismo es algo que siempre ha estado y estará en entredicho fuere o no público dicho entredicho. Bien, pues ha llegado Fixmedia que es entre otras muchas cosas el llevar el entredicho a las redes. A lo público. Es acercar el modelo colaborativo que propone la wikipedia al periodismo. Donde cada persona es un editor en potencia. Desde la propia semántica tan manida y malutilizada para según que contextos hasta lo que sería el propio contenido de la noticia. Si tienes algo que decir al respecto, podrás hacerlo, participar en el proceso de filtrado de la noticia.

¿Que porqué esto es necesario? En el paradigma de la web 2.0 se nos ha vendido que la web pasó a ser dinámica, que era de doble sentido, que podías contestar, que te podían replicar y que desde ese momento, teníamos cabida. Bien, esto no es del todo cierto ni del todo falso. Se ha interpelado una y otra vez el carácter activo del ciudadano (me niego a usar la palabra internauta) pero no dejaba de ser un feedback a medio camino entre lo 1.0 y lo 2.0. Podías obtener respuesta o no, podría tener cabida o no.
Lo más importante es que se acerque la noticia al ciudadano y no desde una forma que se base en la erótica de la semántica como ha ocurrido muchas otras veces, donde no son más que palabras. El otro día se comentaba que este debate, el del periodismo, suele acabar siempre en la educación. La educación a la hora de informarse y de informar. De comparar y cotejar. Aunarlo todo en uno es un gran paso precisamente porque, en mi opinión, las noticias no han interesado muchas veces por eso mismo, porque no las sentimos nuestras. Porque están alejadas de nuestras realidades o imaginarios. Si esos imaginarios, aún de forma virtual (algo que no hace que sea menos real per se) acotan las distancias con cada uno de nosotros estaremos fomentando con nuestro propio deje la responsabilidad social nuestra y del resto. Porque ya no es solo tener que editar, es respetar la edición, es fomentar la empatía, es tratar de ver las cosas desde el espectro más obtuso que nos haga llegar a esa verdad a la que debería llegar el periodismo.

Fixmedia propone un modelo de creación y edición de noticia alternativo donde todo el mundo tiene cabida por igual. Ha habido intentonas por hacer llevar el periodismo al ciudadano de una manera más activa pero nunca de esta manera. La educación y la responsabilidad social de cada uno (que es donde acaba todo esto) debería proponer un entramado de comunidad alrededor de esto que mejore las noticias. Con las aportaciones de todas las personas que así lo vean necesario.

En este país, el problema siempre ha sido que se nos ponga en la tesitura de elegir, de que generemos diferencias unos entre otros, desde el fútbol hasta la religión, pasando por la política. Son colores, direcciones y  equipos. Esta herramienta propone un modelo que nos acerque en algo tan tan básico como es la información y el periodismo. Propone que nos sentemos a llegar al buen periodismo entre todos, porque todos probablemente tengamos algo que aportar.

Podéis microfinanciar el proyecto desde Goteo  o si no podéis ahora fomentando su uso el día de su salida. Porque todo cuenta y todo aporta, no nos podremos amparar en el “es que este desierto es demasiado grande y yo solo soy un granito de arena”. Eso se acabó, las herramientas están aquí.

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Sobre Público y el papel del papel.

Hoy cierra Público. Al menos su edición en papel. Se salvan la web y La voz de Asturias. Todos, yo el primero lo lamentamos, desde el minuto uno. Pero poco a poco me paro a pensar y no lo puedo ver más que como el paso lógico de todo este proceso periodístico de adaptación por el que todos acabarán pasando. ¿Porqué?

Pues por economía. Porque en un mundo cortoplacista como éste la información y el consiguiente proceso de informarse viene de otras partes. Viene de la web, viene de Twitter, de FB y desde luego de la responsabilidad de cada uno al saber qué lee y cómo, desde que prisma.

El papel, como tal, ha dejado de tener sentido tal y como  se concibió. Porque ocupaba espacios y acercaba personas a noticias en términos de proximidad temporal. Se pensó que la tele lo mataría y aguantó, por mera desidia. Entonces ¿cuál es la diferencia? Pues que una cosa es informarse y otra cosa la pedagogía o la educación. Y eso lo da la crónica periodística, narrativa, los libros. Para eso está el papel.
Lo que no tiene sentido es leer en “las ediciones de mañana” las noticias de hoy. Exijo más reflexión, incluso de carácter opinativo cuando se deba. Ya depende del consumidor el ser responsable y leer “la otra versión”. Y comparar, cotejar y educarse.

Creo sinceramente que, y aún lamentándolo por la consiguiente pérdida de pluralidad en el kiosco, el cierre de Público es algo que se veía venir, por cientos de motivos. Porque los modelos de negocio están obsoletos. Porque la izquierda no ha tenido ni tendrá nunca benefactores o mecenas como en la derecha. El carácter de cada uno lo hace incompatible y con el su sostenibilidad.
Lo que debemos hacer es salvar la web, cuidar a los formatos, darle movimiento, leer, participar, devolver la pelota al periodista, dinamizar los contenidos más que nada porque es el paso lógico de todo esto. Público tiene la oportunidad de ocupar espacios vaciós de crónica, de formatos sin perder la visión a la parte de actualidad. Llamar a la puerta de ambos tipos de público, valga la redundancia.

Seamos serios, éramos cuatro gatos los que nos pasábamos a por el periódico a diario y de estos cuatro no lo hacíamos siempre. Se compraba en ocasiones más puntuales en las que sabías que iba a ofrecer algo que no ofreciese el otro formato de alta velocidad. No nos mareemos con su pérdida y apoyemos a su reconversión si es que es posible y aún la tiene.

Porque y dicho sea de paso, hemos pasado a tener cada uno nuestro periódico en particular. Seguimos a personas, que nos informan y /o educan en según qué casos. Público es sólo un nombre, que da cabida y debe sostener a los que de verdad son los valedores de todo el tinglado periodístico. Los periodistas.
Ayudemos a los contenedores de periodistas para ayudar a estos a hacer su trabajo. Mientras tanto que nos informen ellos, no los medios.

Deberes de autor.

Llevo varios días en una disertación mental sobre los derechos de autor y el mundo en que vivimos. De la Ley Sinde-Wert, la Ley S.O.P.A y demás parafernalias que se empeñan en extender la vida de un modelo de negocio obsoleto, que también, valga la redudancia, tiene una obsolescencia programada y esta vez, más que nunca sin sentido alguno.

Me voy a apoyar en un pequeño fragmento que ayuda a definir bastante bien la relación autor-consumidor.

“Cuando se inicia una disertación sobre el tema del espectador en el mundo del arte es preciso hacer una advertencia capital. Este espectador existe porque ese mundo está malformado. Pretendo decir con esto que no debería existir un contemplador no autor, rigurosamente considerados ambos. Es la contrahecha estructura cultural la que permite el sinsentido de un hombre que se limita a mirar lo que otros hacen. Si admitimos esto como definición de espectador no es posible eludir la evidencia de que una tal pasividad no es humana, de que semejante indolencia creativa es algo contraria a la esencia misma de la naturaleza del hombre.

Conscientes de este desequilibrio, las buenas almas protectoras de este tinglado cultural han acuñado el eslogan de que una obra no se culmina hasta que alguien ajeno a ella la contempla. Algo que se resume en la condescendencia: hay tantas obras como contempladores.

-El espectador suspenso [Fragmento del texto de la conferencia impartida en el ciclo de la Distància: art espectador en Alicante en 1997]”

Tal y como se indica aquí y muy acertadamente existen tantas obras como observadores de esta y, por ende, no existe el creador per se, se necesita de observación para ello. Pero observación pasiva (el consumidor) y activa (el autor) pues este, se ha tenido que ver inspirado, desde el primer momento en que se tiene uso de razón, de ciertas otras obras que por el entramado cultural circulen. Se necesitan estímulos, inspiración, conocimiento cultural y contractual de situaciones y tejidos sociales que amparen e impulsen al autor en el proceso de creación de esa obra. Obra que, inconscientemente estará impregnada de un montón de particularidades reducibles por el mismo con las que, y si es honesto, será capaz de identificar (en según que tipo de obras claro está) las influencias e inspiraciones que ha tomado de otros.

El deber del autor es pues ya no tanto el de seguir produciendo obras (nótese que cambio crear por producir) para seguir en esa brecha cultural, no, es admitir y ser consciente de que un autor es a un consumidor lo que un internauta al ciudadano. Y que todo eso se tiene que devolver de alguna manera, que modelos de negocio existen que lo que se necesita principalmente es voluntad y cohesión. Cierto es que en esta cultura de la producción y el agasaje es muy difícil que convivan dos formas de ver las cosas tan radicalmente opuestas y que está en mano de los autores, de todos y a la vez, el poner en práctica la teoría de juegos de Nash y darse cuenta que, hoy más que nunca, en un mundo cortoplacista en el que viven cosas como Twitter o Facebook ha dejado de tener sentido la extensión de un modelo de negocio obsoleto y sin sentido.

Que está antes el grupo que el individuo y que ese grupo, la sociedad, también tiene unos derechos como un todo.

Iniciativas que muestran de buena manera como se puede (y en mi opinión se debe) funcionar son Bookcamping, Orsai, 15Mcc y demás donde se eliminan los mediadores, grandes destructores del autor como tal y se fomenta la cultural del procomún, de la legitimidad de la creación desde la observación de la obra y de la eliminación de la ambigüedad que exige unos derechos ya obsoletos en forma (que no en objetivo) desde hace mucho. Hay que proteger al autor, por supuesto pues todos queremos consumir cultura, pero nunca y por encima de nada se puede proteger a un autor en pos de la propiedad privada pues este, antes de autor, palabro erótico y ególatra donde los haya, fue un ciudadano que se dedicaba a mirar. Somos testigos de tiendas de aplicaciones en nuestros smartphones de aplicaciones gratis que subsisten, de grupos de música como Canteca de Macao que sacan adelante sus discos a base de crowdfunding (lo cual implica gente que fomenta la creación a priori, no a posteriori) en webs como Lanzanos o Goteo y luego se dedican a dar conciertos (a los que seguiré yendo y pagando). Los modelos de negocio están ahí, solo hay que adoptarlos.

Porque, y dejemos una cosa bien clara, cuando lo que se vende es bueno la gente lo paga. Y a Orsai y Canteca de Macao me remito. Es el creador malo el que tiene miedo de todo esto, el que necesita de esa industria anacrónica detrás que le garantice “ese 10% de lo suyo”.

Siempre me llamó la atención que, ciertas veces, cuando he decidido ir a comprar una película original, el mismo día que sale a la venta, solo encuentre la versión coleccionista entre las elegibles. De coleccionista normal a super-coleccionista. Que se fomente que el consumidor se sienta especial por ser consumidor y no al autor de ser autor porque este último, sin saberlo, ha llegado a convertirse en una máquina más de un proceso industrial de producción y el arte, como la cultura, nacieron para ser disfrutados, no consumidos.

Es algo que está en la naturaleza humana, la observación, y está tan ligada a la percepción como el emisor lo está al receptor en una conversación. Y sin uno no existe el otro.

De la politización espontánea, de los corrillos y las redes sociales 1.0

Mucho se ha hablado y se seguirá hablando del movimiento 15M, de Democracia Real Ya (DRY) y de acampadas varias a lo largo y ancho de nuestro globo. Yo, que he tenido la suerte de poder estar en una de ellas (concretamente en Londres), viendo como crecía desde el principio y con esa explosión, más si cabe, de optimismo desenfrenado, de ver que se puede. Bien, he sacado algunas conclusiones acerca de lo que allí ocurre, de la socialización del ser humano y de la politización espontánea de la ciudadanía.

No estamos de acuerdo. Ese vendría a ser a grandes rasgos el denominador común y el punto de encuentro de tantas y tantas personas.

Hemos tenido que ver censura, clausura de libertades a través de las flores, cuidadosamente, de manera indirecta, con tacto, sutil. Hemos tenido que ver como se defenestraba una democracia, relativizando hasta el extremo gracias y desde la suavidad del ocio, del entretenimiento. Donde se ha preferido darnos educación que educarnos con un modelo de obsolescencia obsoleto, valga la redundancia, y apretando de una manera tal a tanta gente a la vez que suceden este tipo de cosas. Es el comienzo desde la teoría del caos. Y el caos lo que tiene es que, a veces, es justo. Del caos y del efecto mariposa, causa efecto.

Hay un gran abanico de pequeñas historias, de pequeños imaginarios y realidades que es necesario contar, que es por donde se debe empezar. Lo más difícil que es movilizar a la gente está hecho y ahora que está encendida la mecha no podemos dejar que se apague. Y lo explico. Para mí lo mejor es ese flujo de información, ese de corrillo a corrillo, en cada círculo dejando que libremente se compartan inquietudes, experiencias y sentido común porque es ahí donde está el verdadero aprendizaje. Pero también desde el amor, desde la parte más humanista de todo esto. El afán por ser personas y por hacer del sentir y de la felicidad el relevo del dinero en la escala de importancia que rige este mundo. Hay que empezar educándonos mutuamente, compartiendo, para luego llegar a la politización de la ciudadanía que es una asignatura que siempre hemos tenido pendiente. Tenemos que aprender esa parte política y una vez con las herramientas y la motivación, ir a por ello.

Todo este tema de las acampadas no es otra cosa sino las redes sociales 1.0. El facebook llevado a la calle de una vez con toda la potencia para tejer una red vastísima. De ponerle contexto a las mensajes. Caras, sonidos, expresiones, tono de voz y hacerlo de una manera completamente sana, respetando el entorno, limpiando las plazas, siendo consciente del que está al lado. En definitiva, con empatía.

Sin embargo, hay que saber conservar la estructura del movimiento y, tal y como se está haciendo, creo (no lo se debido a la magnitud) ceder en ambos sentidos. Saber que, por encima de todo, por encima de todas esas diferencias que podamos tener, loables y con cabida por la diversidad que implican las culturas, todos somos seres humanos y, ahora más que nunca, nos conviene ponernos de acuerdo. Porque hay un objetivo común mucho más fuerte que el color de la piel, que el idioma, que las fronteras, que la religión, que las banderas, que los equipos de fútbol y en general por encima de todas esas cosas que o no las elegimos o se nos pone en la tesitura de elegir. Es, en resumen, la desmitificación de las etiquetas, los grupos y el girar todos en una misma dirección, por raro que parezca.

Al menos, esa es, la realidad que quiero imaginar está por venir.

Estoy completamente convencido de que puede salir bien porque nos sobra energía y no estamos solos, ni nosotros ni nadie y por otro lado sienta un precedente maravilloso como es el no esperar hasta que nos la metan hasta el fondo para tener que salir a la calle a decir lo que se piensa. Y que todo esto se haga como una actitud, con optimismo, sinceridad, humildad, justicia y sobre todo constancia, desde un espectro completamente pacífico. Demostrando los valores por el camino sin dejar que se convierta en una moda pasajera.

Siete dudas y media de casi nada.

¿Si se hace negocio con ello es arte?

¿Si tiene publicidad es política?

¿La economía es eso que habla acerca del dinero?

Haces X. Dices que has hecho X. Usas el haber hecho X como respaldo de tus convicciones y/o argumentos. ¿Eso rula?

¿Los consejos tienen derechos de autor? ¿Educadores, psicólogos y demás deberían cobrar en royalties?

¿Considerarme humilde es humilde?

¿La incertidumbre del ‘Y si…’ me acerca al final? ¿Si hay final tiene cabida la incertidumbre?

Obsoletismo y modelos de negocio periodísticos.

Con el cierre de CNN+ se marca una especie de hito o de marca en la línea de tiempo de los modelos de negocio periodísticos. En realidad es algo que siempre ha estado ahí pero que, cuando pasan este tipo de cosas, son cuestiones que vuelven a saltar a la palestra.

Mucha gente ayer en Twitter (@BlogdeBori, @mmerino, @yoriento entre otros) incluído yo anduvimos hablando acerca de este tipo de cuestiones. De la ardua y complicada línea que trata de unir la responsabilidad social con la rentabilidad económica. Y salieron ideas más que provechosas.
Partimos de la base de que la responsabilidad social en las empresas es algo que debería arraigarse para que los formatos evolucionen como deben. Esto es, no es suficiente con adecuarse a las nuevas tecnologías, cambiar el papel por lo digital, poner publicidad y a tirar. El periodismo es uno de esos gremios que ha estado, está y estará siempre en tela de juicio, precisamente, por la responsabilidad social y el papel que desempeña para la ciudadanía.
A mi modo de ver hay una incongruencia ya no semántica, que también, sino de concepto. Creemos que la rentabilidad económica de un medio de comunicación es una de esas cosas necesarias, entre otras, para el sobrevivir del mismo. Y así es, pero, en el momento en el que se hace negocio con la información esta pierde su capacidad transgresora, verdadera y empática con sus consumidores. Los modelos de negocio periodísticos se basan en la busqueda de la rentabilidad económica del contenido a posteriori. Así, se mide y se edita la información, se le da cabida o se merma su significado en función de la capacidad de generar volumen de tráfico que conlleve a esa rentabilidad económica de la que hablamos.
Existe una guerra en el consumo de ésta que forma un axioma que está en lo mejor y en lo peor de la información. La dupla rentabilidad – entretenimiento VS relevancia – responsabilidad. No creo que el término por el que se debe regir un medio sea el de la rentabilidad económica sino el de la sostenibilidad económica, que no es lo mismo. Ahora, no quiero ser hipócrita, los periodistas merecen la remuneración de su trabajo. ¿Cómo?
Creo que, en principio, falta asociativismo por parte de periodistas muy a modo de lo que hace la gente de 1001medios. Hay demasiados blogs para tan pocos medios. Falta responsabilidad social por parte del ciudadano, es decir, no podemos tirar piedras siempre contra los periodistas, quejarnos del estado de su gremio y luego no ser consecuentes a la hora de consumir información. El capitalismo y las leyes de la oferta y la demanda, como en todo, hacen que se produzcan, en este caso, contenidos adecuados a la demanda. Eso por un lado y siempre sin olvidar la cobertura que se da de la información realmente importante.
Así, también se necesita la descentralización de la cobertura económica de las empresas con los medios. Puede que, con el tiempo, si se alcanzan modelos de negocio cuyos intereses económicos (dificilmente desligables) estén repartidos entre varias empresas (grandes valedoras mal que me pese de esa sosteniblidad de la que hablo) la información sea más objetiva y no esté sujeta a los deseos de un grupo reducido de personas y los periodistas, que al fin y al cabo son los grandes damnificados de todo esto, puedan seguir ejerciendo su profesión tal y como, utopicamente hablando, les contaron en la facultad.

Nos amparamos en un Internet libre que nos saque de toda esta distópica situación pero olvidamos que, como bien me comentó @Scrich, ya vimos caer a gente como la de Soitu. Quizás, quiero creer, que uno de esos modelos rentables de una forma sana recae en el Creative Commons y en su defensa del compartir contenido libre de derechos y buscar la rentabilidad en otra parte, no lo sé.

En cualquier caso y para no seguir divagando y dando vueltas a lo mismo diré que, en mi opinión, se debe comenzar por cambiar la idea de rentabilidad económica a posteriori por sostenibilidad ecnómico-humana a priori del contenido. Se deben descentralizar los métodos de financiación de los medios para asegurar la estabilidad de la información y de, como es lógico, los periodistas y así evitaremos que pasen cosas como las de ayer con CNN+. Como reza el título del post, estamos cayendo en el error del obsoletismo, en la lógica de desperdicio del talento de tantos y tantos periodistas y mientras, los mecenas en estos tiempos de crisis, los que abalan al resto, terminan siendo los de siempre, nosotros.

Ha cerrado CNN+. Así, como si nada…

Pedimos responsabilidad social. Nos quejamos del estado del periodismo. Nos quejamos de los periodistas en sí, de los medios de comunicación. Pataleamos en general vaya.
Ahora, cierra CNN+ y como si nada. Parece que todo sigue el rumbo que debe seguir. Digo yo que habría que plantearse si, quizás, y sólo quizás, hemos llegado a un punto en el que podamos decir alto y claro que sí, que los modelos de negocio periodísticos están obsoletos con todo lo que eso conlleva. Señores, no estamos hablando de gente que hace cajas (con todo mi respeto vaya), estamos hablando de periodismo, de información, de la base para que la educación social de la ciudadanía se nutra como debe.
No podemos exigir responsabilidad social al periodismo si el modelo de negocio que rige todas y cada una de sus competencias está controlado e intrínsecamente ligado a los intereses de una o varias empresas. Es indeterminación. No tiene sentido.

La culpa no la tienen los periodistas. Si a cada uno que sale de la facultad le preguntases que tipo de periodismo desea hacer dudo muy mucho que las respuestas se acerquen lo más mínimo al periodismo que en gran medida se consume en este país.

El simple hecho de que el trabajo de profesionales, sean cuales fueren sus obligaciones (en este caso periodísticas) estén asociados a la rentabilidad económica a posteriori del contenido dista mucho de lo que, en modelo y forma, debería ser una profesión como esta.

Pero claro, desde nuestra percepción sobre el supuesto pensamiento crítico que tenemos acerca de esta y otras tantas cosas nos creemos en posesión de algunas medias verdades y con eso nos parece bastar. Y repito, luego pasa lo que pasa. Mientras, “los que mandan” y nos moldean actúan como en la antigua Roma. Pan y circo. Esto es, por ejemplo, Gran Hermano (sí, es demagogia, lo sé). Creemos haber evolucionado algo respecto de estos pero no. Es más, ellos, al menos, tenían el pan. A nosotros parece que solo nos queda el circo.

“Está pasando. Lo estás viendo. Estamos cerrando”

En fin…