La revolución diegética

De escalas de desidia y activismo,
y la lucha librada en las calles
que el hartazgo nos lleve a la causa
y que emerja de la belleza el cambio.
Que el sentido común va sin alfombra
y de espaldas nadie mira.
 Que sinónimo de periodismo
no tiene que ver con mercancía. 

De la fuerza del que no entrena
del que aprende a base de hostias
del mártir perverso al político
y de la clase de clases perversas.

Del que nace ignorante,
e ignorante se queda.
Del que toca la cima corrupta
y en nada se parece a la meta.

Que Adam Smith se equivocaba
que el poder está en la demanda.
Que el precio de su jodida oferta
radica en nuestra pleitesía.

Que olvidar mata,
que tocar rejuvenece,
que el que comparte lo hace adrede
y que el sabio solo rectifica
si el daño no tiene cabida.

Que la permuta es para todos,
el noventa y nueve ya no tiene espacio
y el uno no sabe qué es VIDA.

Que nadie elige la raza,
ni el idioma ni la familia.
Que el nómada es agredido
y a nómadas se nos lanza.
Que la piel puede ser rugosa,
blanca, negra o amarilla
pero si algo es procomún a todos
es el beneficio de tocarla. 

Que la semántica a veces engaña
embauca y dogmatiza
que el vaso es un vaso de anciano
y para el bebé sólo está frío.

Que no jodamos con los conceptos
que en la mierda de lo que es opuesto
se escuda quien defiende el machismo.

Qué pena la matemática
que erótica la burguesía
que mierda del que piensa
‘esta vida sólo mía’.

Que conozco la ruta a la plaza
que mi ley nadie la ha escrito
y que no necesito testigo
para saber que es más que lícito.

Que miro de cara a la mejoría
que la casa ha salido cara,
y no es otro que mi cuerpo
quien decide cómo vivir.


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El erotismo de lo que nace y muere.

En Abril de 2013 nacerá un nuevo movimiento social. El #4A.

El #4A será representativo de una sociedad cansada y marcada por la desilusión del vacío político. Será horizontal. Creará nuevas metodologías de incursión política “de a pie”, que nos representen. Será la voz de los sin voz. De entre esas metodologías aparecerá una completamente nueva y revolucionaria. El ascensor. Espacio político donde los haya, que da cabida a charlas y discursos de cada uno. La gente irá a trabajar pensando solo en salir de ahí para ir al ascensor a debatir. Subirá y bajará cientos de veces diarias. Como los del primero usan las escaleras y el #4A es un movimiento inclusivo, los debates de ascensor se retransmitirán por el micro del susodicho aparato. Cuando se haya llegado a un punto en común se tocará la campanita, indicador claro y sin precedentes de que se ha llegado a un acuerdo. Este será, inequívocamente un sello de identidad del movimiento. Habrá quien, de paso, y mareado por tanto vaivén dejará el movimiento por el camino. Que le da claustrofobia perder tanto tiempo en el ascensor. Que le da igual, que el estaba ahí porque el resto también lo hacía dirá.

Esta nueva metodología impulsará a mucha gente a salir de casa, a coger el ascensor y a preocuparse de lo que pasa. A no hacer oídos sordos.

Pasarán los días y tras tantas idas y venidas de ascensor, de azotea a sótano, del 3º al 8º se corroborará que es imposible seguir con esa metodología, que hay vecinos en el 4º y el 8º que pasan del #4A pero que quieren seguir usando su ascensor. Que a ellos se la suda. El movimiento, inteligente, decidirá no irse, sino mudarse. A las escaleras, al descansillo.

Se buzoneará a cada vecino con panfletos de 140 caracteres con etiquetas que rezarán, a modo organizativo, cosas como #tomaeldescansillo #tomalasescaleras.

Tan solo un par de medios le dan cabida a todo lo que rodea al #4A de una manera objetiva, desde donde se valora realmente el carácter de pensamiento crítico y las ganas de hacer y de asociación de la gente. Social es uno de ellos. Es un periódico que nació con la idea de dar cabida a un periodismo responsable y sin fisuras, riguroso y objetivo pero sobre todo crítico con lo que le rodea. Este periódico se agotó el día que salió.

Pasará el tiempo y los descansillos y las escaleras cada vez estarán más vacíos. Los grupos de trabajo se trasladarán a las casas a las de cada uno. Porque, y esto es algo importante, el #4A enseñará al mundo lo que verdaderamente supone el poder de asociación, del colectivo, de la innovación en tiempos de crisis y de la creatividad que supone sacar algo adelante cuando los recursos son finitos y a su vez escasos.
La mayoría aprenderemos que, el grupo está antes que el individuo, que la Teoría de juegos de John Nash era correcta y que Adam Smith se equivocaba. Se sentará un precedente enorme. El #4A se convertirá en un ente que vigilará a las clases políticas y eliminará la desidia de la población y cada vez se tardará menos en salir al descansillo. Pero el #4A será también algo silencioso. Será una idea, un concepto, una metodología. Nadie sabrá quién forma parte del #4A lejos de la individualidad de cada uno.
Alguien empezará a hacer un documental sobre el #4A el #5A.
Los más responsables atacarán realidades e imaginarios cerca de sus propios mundos. El grueso del #4A no será tan grueso pero seguirá teniendo un poder de convocatoria enorme, al menos cuando las injusticias sean demasiado patentes y toquen, aunque sea de refilón, a los vecinos. EL #4A será entendido y pasará a la historia como el primer movimiento social de la primera semana de Abril de 2012.

Más tarde el periódico Social entrará en una quiebra difícil de superar pero superable. Alguien tendrá una idea definitiva, la salvación del papel. Como hay mucha gente que quiere que el periódico siga anunciarán su cierre a diario. La mayoría, por lo que es considerado el principio de escasez, querrá obtener  ese último ejemplar en papel de Social. Así, Social vivirá durante muchos años gracias al anuncio de su muerte. Los días en que las cosas que no venden van a dejar de venderse, se agotan. #nopreguntenporqué

Pero entonces su muerte se convertirá en lo cotidiano, con lo que la gente dejará de comprarlo. Así, el periódico Social subsistirá y morirá, al mismo tiempo, gracias al anuncio de su muerte.

“Aún conservo su primer último ejemplar” “Yo el quinto último ejemplar” y así…

Ese mismo año, y algunos venideros, nuevos movimientos sociales aparecerán, hasta el consiguiente acabado a base hashtags del calendario romano. Se fomentará el pensamiento crítico de la gente y su poder de alienación gracias a la exclusividad y al erotismo del pertenecer a este tipo de movimientos. Su convocatoria y repercusión será perecedera pero en su nacimiento, está la clave de su poder. No hay nadie que no quiera ser padrino de un #EquisEne.

“Yo estuve allí”, “Y allí”, “Y allá”.

Repelo el mundo en que vivo pero estoy enamorado de las personas. El 15M me acercó a gente imposible e hizo plausible que me enamorara varias veces al día. Puro amor de sintonía, amor a la inquietud de aquellas personas que hacen de la humildad su metodología.

Que el activismo no sea para la galería, que la militancia no se convierta en moda, que nuestra integridad radique en ser útiles y no en ser importantes. Si todo eso pasa, durará.

Sobre Público y el papel del papel.

Hoy cierra Público. Al menos su edición en papel. Se salvan la web y La voz de Asturias. Todos, yo el primero lo lamentamos, desde el minuto uno. Pero poco a poco me paro a pensar y no lo puedo ver más que como el paso lógico de todo este proceso periodístico de adaptación por el que todos acabarán pasando. ¿Porqué?

Pues por economía. Porque en un mundo cortoplacista como éste la información y el consiguiente proceso de informarse viene de otras partes. Viene de la web, viene de Twitter, de FB y desde luego de la responsabilidad de cada uno al saber qué lee y cómo, desde que prisma.

El papel, como tal, ha dejado de tener sentido tal y como  se concibió. Porque ocupaba espacios y acercaba personas a noticias en términos de proximidad temporal. Se pensó que la tele lo mataría y aguantó, por mera desidia. Entonces ¿cuál es la diferencia? Pues que una cosa es informarse y otra cosa la pedagogía o la educación. Y eso lo da la crónica periodística, narrativa, los libros. Para eso está el papel.
Lo que no tiene sentido es leer en “las ediciones de mañana” las noticias de hoy. Exijo más reflexión, incluso de carácter opinativo cuando se deba. Ya depende del consumidor el ser responsable y leer “la otra versión”. Y comparar, cotejar y educarse.

Creo sinceramente que, y aún lamentándolo por la consiguiente pérdida de pluralidad en el kiosco, el cierre de Público es algo que se veía venir, por cientos de motivos. Porque los modelos de negocio están obsoletos. Porque la izquierda no ha tenido ni tendrá nunca benefactores o mecenas como en la derecha. El carácter de cada uno lo hace incompatible y con el su sostenibilidad.
Lo que debemos hacer es salvar la web, cuidar a los formatos, darle movimiento, leer, participar, devolver la pelota al periodista, dinamizar los contenidos más que nada porque es el paso lógico de todo esto. Público tiene la oportunidad de ocupar espacios vaciós de crónica, de formatos sin perder la visión a la parte de actualidad. Llamar a la puerta de ambos tipos de público, valga la redundancia.

Seamos serios, éramos cuatro gatos los que nos pasábamos a por el periódico a diario y de estos cuatro no lo hacíamos siempre. Se compraba en ocasiones más puntuales en las que sabías que iba a ofrecer algo que no ofreciese el otro formato de alta velocidad. No nos mareemos con su pérdida y apoyemos a su reconversión si es que es posible y aún la tiene.

Porque y dicho sea de paso, hemos pasado a tener cada uno nuestro periódico en particular. Seguimos a personas, que nos informan y /o educan en según qué casos. Público es sólo un nombre, que da cabida y debe sostener a los que de verdad son los valedores de todo el tinglado periodístico. Los periodistas.
Ayudemos a los contenedores de periodistas para ayudar a estos a hacer su trabajo. Mientras tanto que nos informen ellos, no los medios.

Deberes de autor.

Llevo varios días en una disertación mental sobre los derechos de autor y el mundo en que vivimos. De la Ley Sinde-Wert, la Ley S.O.P.A y demás parafernalias que se empeñan en extender la vida de un modelo de negocio obsoleto, que también, valga la redudancia, tiene una obsolescencia programada y esta vez, más que nunca sin sentido alguno.

Me voy a apoyar en un pequeño fragmento que ayuda a definir bastante bien la relación autor-consumidor.

“Cuando se inicia una disertación sobre el tema del espectador en el mundo del arte es preciso hacer una advertencia capital. Este espectador existe porque ese mundo está malformado. Pretendo decir con esto que no debería existir un contemplador no autor, rigurosamente considerados ambos. Es la contrahecha estructura cultural la que permite el sinsentido de un hombre que se limita a mirar lo que otros hacen. Si admitimos esto como definición de espectador no es posible eludir la evidencia de que una tal pasividad no es humana, de que semejante indolencia creativa es algo contraria a la esencia misma de la naturaleza del hombre.

Conscientes de este desequilibrio, las buenas almas protectoras de este tinglado cultural han acuñado el eslogan de que una obra no se culmina hasta que alguien ajeno a ella la contempla. Algo que se resume en la condescendencia: hay tantas obras como contempladores.

-El espectador suspenso [Fragmento del texto de la conferencia impartida en el ciclo de la Distància: art espectador en Alicante en 1997]”

Tal y como se indica aquí y muy acertadamente existen tantas obras como observadores de esta y, por ende, no existe el creador per se, se necesita de observación para ello. Pero observación pasiva (el consumidor) y activa (el autor) pues este, se ha tenido que ver inspirado, desde el primer momento en que se tiene uso de razón, de ciertas otras obras que por el entramado cultural circulen. Se necesitan estímulos, inspiración, conocimiento cultural y contractual de situaciones y tejidos sociales que amparen e impulsen al autor en el proceso de creación de esa obra. Obra que, inconscientemente estará impregnada de un montón de particularidades reducibles por el mismo con las que, y si es honesto, será capaz de identificar (en según que tipo de obras claro está) las influencias e inspiraciones que ha tomado de otros.

El deber del autor es pues ya no tanto el de seguir produciendo obras (nótese que cambio crear por producir) para seguir en esa brecha cultural, no, es admitir y ser consciente de que un autor es a un consumidor lo que un internauta al ciudadano. Y que todo eso se tiene que devolver de alguna manera, que modelos de negocio existen que lo que se necesita principalmente es voluntad y cohesión. Cierto es que en esta cultura de la producción y el agasaje es muy difícil que convivan dos formas de ver las cosas tan radicalmente opuestas y que está en mano de los autores, de todos y a la vez, el poner en práctica la teoría de juegos de Nash y darse cuenta que, hoy más que nunca, en un mundo cortoplacista en el que viven cosas como Twitter o Facebook ha dejado de tener sentido la extensión de un modelo de negocio obsoleto y sin sentido.

Que está antes el grupo que el individuo y que ese grupo, la sociedad, también tiene unos derechos como un todo.

Iniciativas que muestran de buena manera como se puede (y en mi opinión se debe) funcionar son Bookcamping, Orsai, 15Mcc y demás donde se eliminan los mediadores, grandes destructores del autor como tal y se fomenta la cultural del procomún, de la legitimidad de la creación desde la observación de la obra y de la eliminación de la ambigüedad que exige unos derechos ya obsoletos en forma (que no en objetivo) desde hace mucho. Hay que proteger al autor, por supuesto pues todos queremos consumir cultura, pero nunca y por encima de nada se puede proteger a un autor en pos de la propiedad privada pues este, antes de autor, palabro erótico y ególatra donde los haya, fue un ciudadano que se dedicaba a mirar. Somos testigos de tiendas de aplicaciones en nuestros smartphones de aplicaciones gratis que subsisten, de grupos de música como Canteca de Macao que sacan adelante sus discos a base de crowdfunding (lo cual implica gente que fomenta la creación a priori, no a posteriori) en webs como Lanzanos o Goteo y luego se dedican a dar conciertos (a los que seguiré yendo y pagando). Los modelos de negocio están ahí, solo hay que adoptarlos.

Porque, y dejemos una cosa bien clara, cuando lo que se vende es bueno la gente lo paga. Y a Orsai y Canteca de Macao me remito. Es el creador malo el que tiene miedo de todo esto, el que necesita de esa industria anacrónica detrás que le garantice “ese 10% de lo suyo”.

Siempre me llamó la atención que, ciertas veces, cuando he decidido ir a comprar una película original, el mismo día que sale a la venta, solo encuentre la versión coleccionista entre las elegibles. De coleccionista normal a super-coleccionista. Que se fomente que el consumidor se sienta especial por ser consumidor y no al autor de ser autor porque este último, sin saberlo, ha llegado a convertirse en una máquina más de un proceso industrial de producción y el arte, como la cultura, nacieron para ser disfrutados, no consumidos.

Es algo que está en la naturaleza humana, la observación, y está tan ligada a la percepción como el emisor lo está al receptor en una conversación. Y sin uno no existe el otro.

La voluntad lo es todo.

Muy al hilo del post que escribí hace un tiempo sobre el ‘activismo para la galería‘ y el debate generado en los comentarios comencé casi sin querer a desarrollar un poco esta idea. Esa idea que habla sobre la autocomplacencia, la autocondescendencia y la percepción que tenemos cada uno de nosotros mismos acerca de nuestra moralidad. Sobre esa delgada línea que separa la acción de las palabras, la voluntad, la capacidad de transgredir y el hecho de que, a priori, tengamos una actitud crítica con una ingente cantidad de cosas.

Parto de la base de que, para llegar a ser una persona auténtica (con todo lo que este amplio y abstracto concepto conlleva), esto es, alguien con la capacidad de plantearse cosas, de buscar el cambio, de ser humilde y de tener una actitud crítica desde el respeto respecto de los modelos establecidos se necesita de un proceso largo. De un contexto y un nucleo social de actitudes parecidas. Puede durar meses, años e incluso toda una vida pues éste, con el tiempo y las circustancias se depura, coge forma y se adapta al cambio a buscar. Pero que no sea una busqueda de una definición ni esa búsqueda de asociación de una idea o ética respecto de nuestra persona. Es una forma de hacer.

No dudo de que, por otro lado, siempre ha habido, hay y habrá gente que pueda llegar a conclusiones lógicas, coherentes, racionales y su modelo sea factible. Ahora, ¿hasta donde es gratuito largar una y mil ideas sobre lo que en base a nuestro criterio no va como debería de ir? ¿Dónde empieza la acción de las palabras? ¿Es equiparable a la de los actos? ¿Son las palabras una forma de actuar?

El problema reside en que, aún estando realmente convencido acerca de todo aquello que modela nuestra ética y moralidad, de todas esas cosas en las que creemos y que, puestos a charlar, somos capaces de defender a capa y espada es hipócrita y hace que pierda el sentido en sí mismo si no buscamos llegar a ello.

Me decía mi compañero de piso que “aún de acuerdo con eso, es difícil ser pionero, promover el cambio” y no le faltaba razón. Las trabas a día de hoy son difíciles y no es nada sencillo llegar hacia donde se piensa que se debe llegar pero, la voluntad lo es todo. Eso y el no olvidarse de como pensamos, de cuales son nuestros ideales, de que cosas rigen nuestro comportamiento. Ésta ética, como he dicho otras veces, no debe de ser una aptitud gratuita ni un rasgo de la personalidad, debe de ser una actitud. Creo que debemos tener presente a cada momento cómo funcionamos pues esa constante de racionalidad y ese “ponerse en tela de juicio” personal en el que encuadremos nuestros actos hará que, valga la redundancia, hagamos o dejemos de hacer ciertas cosas. Si vendemos ciertos quehaceres a modo de chascarrillo mientras hablamos de “lo mal que va todo” y se queda ahí, en simples comentarios cerveza en mano en petit comité todo habrá sido en vano y nos convertiremos en el peor hipócrita de todos, en el que, aún sabiéndolo, no hace nada por evitarlo.

Joder, yo mismo he tenido momentos en los que sinceramente no me apetecía. No me apetecía hacer o dejar de hacer, lo que fuera, pero ha sido ese “tenerlo siempre presente” y el rechazo de ser uno mismo hipócrita y además saberlo el que me ha llevado a moverme. A no quedarme quieto. E insisto, no me apetecía. Pero he sido sincero y me he cuestionado que, no vale absolutamente de nada pensar de puta madre, ser un tío legal y luego quedarme de brazos cruzados.

¿Cómo empezar? Asociándose. Está bastante claro que una persona sola no puede cambiar el mundo pero si algo he aprendido en todo este tiempo de comerme el tarro es que hay mil y una formas de ayudar. Mil reductos donde se necesita una mano. ¿Qué sabemos hacer? Esto. Lo que sea. Más que probable que puedas ayudar en algún sentido. He visto personas que con muchas más dificultades que yo han conseguido cosas extraordinarias así que, si ellas pueden, yo también. Hay que querer. Como decían en Batman Begins “se nos conoce por nuestros actos”. Pues eso.

Dicen que soy héroe, yo débil, tímido, casi insignificante, si siendo como soy hice lo que hice, imagínense lo que pueden hacer todos ustedes juntos. -Mahatma gandhi


Obsoletismo y modelos de negocio periodísticos.

Con el cierre de CNN+ se marca una especie de hito o de marca en la línea de tiempo de los modelos de negocio periodísticos. En realidad es algo que siempre ha estado ahí pero que, cuando pasan este tipo de cosas, son cuestiones que vuelven a saltar a la palestra.

Mucha gente ayer en Twitter (@BlogdeBori, @mmerino, @yoriento entre otros) incluído yo anduvimos hablando acerca de este tipo de cuestiones. De la ardua y complicada línea que trata de unir la responsabilidad social con la rentabilidad económica. Y salieron ideas más que provechosas.
Partimos de la base de que la responsabilidad social en las empresas es algo que debería arraigarse para que los formatos evolucionen como deben. Esto es, no es suficiente con adecuarse a las nuevas tecnologías, cambiar el papel por lo digital, poner publicidad y a tirar. El periodismo es uno de esos gremios que ha estado, está y estará siempre en tela de juicio, precisamente, por la responsabilidad social y el papel que desempeña para la ciudadanía.
A mi modo de ver hay una incongruencia ya no semántica, que también, sino de concepto. Creemos que la rentabilidad económica de un medio de comunicación es una de esas cosas necesarias, entre otras, para el sobrevivir del mismo. Y así es, pero, en el momento en el que se hace negocio con la información esta pierde su capacidad transgresora, verdadera y empática con sus consumidores. Los modelos de negocio periodísticos se basan en la busqueda de la rentabilidad económica del contenido a posteriori. Así, se mide y se edita la información, se le da cabida o se merma su significado en función de la capacidad de generar volumen de tráfico que conlleve a esa rentabilidad económica de la que hablamos.
Existe una guerra en el consumo de ésta que forma un axioma que está en lo mejor y en lo peor de la información. La dupla rentabilidad – entretenimiento VS relevancia – responsabilidad. No creo que el término por el que se debe regir un medio sea el de la rentabilidad económica sino el de la sostenibilidad económica, que no es lo mismo. Ahora, no quiero ser hipócrita, los periodistas merecen la remuneración de su trabajo. ¿Cómo?
Creo que, en principio, falta asociativismo por parte de periodistas muy a modo de lo que hace la gente de 1001medios. Hay demasiados blogs para tan pocos medios. Falta responsabilidad social por parte del ciudadano, es decir, no podemos tirar piedras siempre contra los periodistas, quejarnos del estado de su gremio y luego no ser consecuentes a la hora de consumir información. El capitalismo y las leyes de la oferta y la demanda, como en todo, hacen que se produzcan, en este caso, contenidos adecuados a la demanda. Eso por un lado y siempre sin olvidar la cobertura que se da de la información realmente importante.
Así, también se necesita la descentralización de la cobertura económica de las empresas con los medios. Puede que, con el tiempo, si se alcanzan modelos de negocio cuyos intereses económicos (dificilmente desligables) estén repartidos entre varias empresas (grandes valedoras mal que me pese de esa sosteniblidad de la que hablo) la información sea más objetiva y no esté sujeta a los deseos de un grupo reducido de personas y los periodistas, que al fin y al cabo son los grandes damnificados de todo esto, puedan seguir ejerciendo su profesión tal y como, utopicamente hablando, les contaron en la facultad.

Nos amparamos en un Internet libre que nos saque de toda esta distópica situación pero olvidamos que, como bien me comentó @Scrich, ya vimos caer a gente como la de Soitu. Quizás, quiero creer, que uno de esos modelos rentables de una forma sana recae en el Creative Commons y en su defensa del compartir contenido libre de derechos y buscar la rentabilidad en otra parte, no lo sé.

En cualquier caso y para no seguir divagando y dando vueltas a lo mismo diré que, en mi opinión, se debe comenzar por cambiar la idea de rentabilidad económica a posteriori por sostenibilidad ecnómico-humana a priori del contenido. Se deben descentralizar los métodos de financiación de los medios para asegurar la estabilidad de la información y de, como es lógico, los periodistas y así evitaremos que pasen cosas como las de ayer con CNN+. Como reza el título del post, estamos cayendo en el error del obsoletismo, en la lógica de desperdicio del talento de tantos y tantos periodistas y mientras, los mecenas en estos tiempos de crisis, los que abalan al resto, terminan siendo los de siempre, nosotros.

Ha cerrado CNN+. Así, como si nada…

Pedimos responsabilidad social. Nos quejamos del estado del periodismo. Nos quejamos de los periodistas en sí, de los medios de comunicación. Pataleamos en general vaya.
Ahora, cierra CNN+ y como si nada. Parece que todo sigue el rumbo que debe seguir. Digo yo que habría que plantearse si, quizás, y sólo quizás, hemos llegado a un punto en el que podamos decir alto y claro que sí, que los modelos de negocio periodísticos están obsoletos con todo lo que eso conlleva. Señores, no estamos hablando de gente que hace cajas (con todo mi respeto vaya), estamos hablando de periodismo, de información, de la base para que la educación social de la ciudadanía se nutra como debe.
No podemos exigir responsabilidad social al periodismo si el modelo de negocio que rige todas y cada una de sus competencias está controlado e intrínsecamente ligado a los intereses de una o varias empresas. Es indeterminación. No tiene sentido.

La culpa no la tienen los periodistas. Si a cada uno que sale de la facultad le preguntases que tipo de periodismo desea hacer dudo muy mucho que las respuestas se acerquen lo más mínimo al periodismo que en gran medida se consume en este país.

El simple hecho de que el trabajo de profesionales, sean cuales fueren sus obligaciones (en este caso periodísticas) estén asociados a la rentabilidad económica a posteriori del contenido dista mucho de lo que, en modelo y forma, debería ser una profesión como esta.

Pero claro, desde nuestra percepción sobre el supuesto pensamiento crítico que tenemos acerca de esta y otras tantas cosas nos creemos en posesión de algunas medias verdades y con eso nos parece bastar. Y repito, luego pasa lo que pasa. Mientras, “los que mandan” y nos moldean actúan como en la antigua Roma. Pan y circo. Esto es, por ejemplo, Gran Hermano (sí, es demagogia, lo sé). Creemos haber evolucionado algo respecto de estos pero no. Es más, ellos, al menos, tenían el pan. A nosotros parece que solo nos queda el circo.

“Está pasando. Lo estás viendo. Estamos cerrando”

En fin…