La revolución diegética

De escalas de desidia y activismo,
y la lucha librada en las calles
que el hartazgo nos lleve a la causa
y que emerja de la belleza el cambio.
Que el sentido común va sin alfombra
y de espaldas nadie mira.
 Que sinónimo de periodismo
no tiene que ver con mercancía. 

De la fuerza del que no entrena
del que aprende a base de hostias
del mártir perverso al político
y de la clase de clases perversas.

Del que nace ignorante,
e ignorante se queda.
Del que toca la cima corrupta
y en nada se parece a la meta.

Que Adam Smith se equivocaba
que el poder está en la demanda.
Que el precio de su jodida oferta
radica en nuestra pleitesía.

Que olvidar mata,
que tocar rejuvenece,
que el que comparte lo hace adrede
y que el sabio solo rectifica
si el daño no tiene cabida.

Que la permuta es para todos,
el noventa y nueve ya no tiene espacio
y el uno no sabe qué es VIDA.

Que nadie elige la raza,
ni el idioma ni la familia.
Que el nómada es agredido
y a nómadas se nos lanza.
Que la piel puede ser rugosa,
blanca, negra o amarilla
pero si algo es procomún a todos
es el beneficio de tocarla. 

Que la semántica a veces engaña
embauca y dogmatiza
que el vaso es un vaso de anciano
y para el bebé sólo está frío.

Que no jodamos con los conceptos
que en la mierda de lo que es opuesto
se escuda quien defiende el machismo.

Qué pena la matemática
que erótica la burguesía
que mierda del que piensa
‘esta vida sólo mía’.

Que conozco la ruta a la plaza
que mi ley nadie la ha escrito
y que no necesito testigo
para saber que es más que lícito.

Que miro de cara a la mejoría
que la casa ha salido cara,
y no es otro que mi cuerpo
quien decide cómo vivir.