Esta democracia tiene lupus

Cada una solemos tener un forma de acometer los duelos. La democracia, que se nos va, nos está colocando a todas en la tesitura de pasar por todos esos estadios que hemos visto en algún capítulo en la pizarra de House. Aquí entramos todas con nuestras dinámicas para hacerlo lo más llevadero posible. Algunas, como La Mayoría Silenciosa nunca pasarán de la fase de la negación, otras como el PSOE aún siguen en su fase de luto, con un dolor por la separación que les impide actuar sin saber transversalizar un nuevo discurso político que suponga algún tipo de alternativa a lo visto en las dos anteriores legislaturas o al deterioro que está sufriendo nuestra sociedad en esta nueva etapa del PP.
El colaboracionismo se paga con la continuidad de un sistema que estaba bastante renqueante desde hace ya un tiempo. Algunas opinamos que alrededor de unos 37 años para ser exactas. Mientras, los sindicatos, puño e internacional en alto ven pasar una y vez un tren para el que nunca tendrán billete. El discurso les ha convertido en desobedientes pero su desobediencia es de la chunga porque es con la ciudadanía. En un año y medio esta última deja que su representación en la calle, ese último atisbo de libertad que le queda, sea interpelado por actores políticos que nacen a la velocidad de vértigo.

Y es que en la oscuridad la luz brilla con más fuerza. Lo puedes llamar ‘indignados’, 15M, DRY, Juventud Sin Futuro, 25s o como mejor te plazca pero no es más que, y en un algoritmo que cuesta descifrar, la superposición del mérito y el talento por encima de la marca. Sindicatos y ONGs, voces críticas de antaño, se han quedado afónicos. Ahora, entre dudas y continuismo siguen sin saber ver que no es lo mis ver que mirar que observar. No hablemos ya de tener mirada. Son el gato de schöredinger de unas estructuras absolutamente desfasadas.

transición s. f.
1   Situación o estado intermedio entre uno antiguo o pasado y otro nuevo, al que se llega tras un cambio.

Me asaltan las dudas, se hizo una constitución que (palabras, solo palabras) nos representaba a todas. Confundimos la reconstrucción con el progreso, la calma con la mejora y hoy cuando todo este ente se viene abajo me dicen que la política está en otro lugar. Se avanzó en el tiempo y matando ciertos fantasmas por el camino se dieron las estructuras políticas para protegernos de ataques. El artículo 494 del código penal se promulgó con la desidia de las normas a medio hacer.

Ahora la constitución se ha dado la vuelta y ha llamado a la democracia que me ha mirado mal. Todas esas cosas de las que nos dotamos en su día se han dado la vuelta contra sí mismas. Así, gobierno sí gobierno también convierten a la democracia en una enfermedad autoinmune que se degenera a sí misma a base de sus propias defensas. Leyes que se hicieron para evitar la dictadura son las que hoy hacen posible que se pueda ir a “identificar preventivamente” a gente que habla de política haciendo un círculo en El Retiro. Habría que salir a la calle y gritarles a la cara ‘!Es lupus!’

Pero es que sé lo que es sentarse en una plaza. Comparto la necesidad de un cambio incómodo. Las estructuras familiares me flipan en estos contextos. En esta facultad del activismo y la inquietud en la que llevamos un año he visto como madres les explicaban a sus hijas de 4 o 5 años el porqué había que estar ahí. ¿Cómo le explicas a una niña que aunque la constitución diga una cosa hay una serie de personas que pueden hacer otra?

Madres y padres son despedidos de sus trabajos bajo la batuta de una reforma laboral absolutamente demente. Y yo es que estoy en paro, pero me gustaría tener contrato para llegar cada día a mi puesto y cagarme en la puerta y decirle a mi jefe “Eh, oye, verás, estoy haciendo cosas que no me gustan ni a mí. Lo sé. Ahora, no puedes despedirme hasta que acaba mi contrato. Ya sé que firmé que sería un trabajador ejemplar y tal pero eso no importa. Importa que me creíste”. ¿Os suena?

Art. 1 
                      La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado.

Ahora miro a la cara de todas esas personitas de pequeña edad, ajenas a todo esto, y se me parte el alma. Me da miedo que pongan la tele, salga Cospedal y diga: “La soberanía nacional reside en el Gobierno, del que emana la ciudadanía”. Llamadme loco, sí, pero cosas más raras se han visto.
En la degeneración de esta enfermedad y el duelo solo nos quedamos unas a otras. Los cuidados se vuelven IMPRESCINDIBLES y la inteligencia colectiva cada vez es más difícil de copyrightear.

Es lupus. No tengo duda.

Cómo votar contra tus propios intereses.

Entre toda esta amalgama de desintereses, sinsentidos y deferencias políticas por el mártir perverso y político hablamos de política en cada esquina y cada hora. Es difícil olvidar que el crédito no tiene intención de fluir si va directamente a los bancos, que no tiene intención de fluir si subimos el IVA o abaratamos el despido. Es difícil olvidar que comer cada día está más difícil y que son muchas ya las personas, y me atrevo a decirlo en un tono no-demagógico, que tienen que decidir entre lomo y mortadela o lo que es peor, entre mortadela y un análisis de sangre.

El acceso a la sanidad se dificulta, servicios sociales como el SUMMA tiritan. Una cama en el hospital puede ser motivo de embargo y acabaremos pagando un transplante de riñón con su hermano sano. No te des de baja, te pueden echar. Y si lo haces hazlo 8 días, o 21. La regla es tan estúpida que el motivo de despido se facilita en torno al esguince. Nos ponen la zancadilla y nos largan por torcernos el pie.

La educación se clasifica (de clase, no de organizar), las tasas de la universidad crecen porcentajes abusivos y en la prevención de un gobierno en el acceso a estudios de grado superior, antes accesibles para muchas, está el crecimiento de otra tasa. Los profesores que se multipliquen que los alumnos vendrán de cuarenta en cuarenta en los institutos. Tantos como horas a la semana. Y el material educativo el que data de hace tres legislaturas.

La banca es rescatada con dinero público. Personas desahuciadas que con sus impuestos (cada vez más) están pagando el rescate del banco que les lanza a la calle. Sin alternativa alguna. Y si un alto cargo dimite que se lleve una buena indemnización por haber sido el más incompetente entre los incompetentes.

De el último paquete de recortes debemos entender que para este gobierno es más necesario ir a los toros que cortarse el pelo. Curioso que un par de calvos como Montoro y De Guindos sean los responsables de aplicarle un tipo máximo (21%) a las peluquerías. Y a las funerarias. Que morirse no lo regalan. Y recortar las prestaciones por desempleo para “animar a la búsqueda de empleo activa”.

Y oigan, hagan un esfuerzo.

Pues de todas estas cosas se habla en cada esquina, incluso del número de políticos que tenemos en nuestro país. Cuatrocientosmil y pico y lancemos el grito en el cielo. El problema es que olvidamos al más importante de todos los actores políticos de nuestra sociedad, la ciudadanía. Nosotras, las personas.

Vayamos pues al plato que nos interesa, Españistán: ¿Cómo votar contra tus propios intereses?

Necesitamos los siguientes ingredientes:

-Un sistema capitalista.
-Un país de pandereta.
-Una constitución bipartidista
-Un presidente incompetente y una oposición de cachondeo. (Aplicable a cualquier época de ‘esta nuestra democracia’)
-Un sistema que fomente la estafa y ampare al banquero.
-Unos medios de comunicación que a la orden de ‘Salta!’ sepan contestar ‘¿A qué altura?’
-Una economía del capital engañosa.
-Un erotismo pornográfico de la propiedad privada. 

Elaboración:

Mezcla todos los ingredientes durante 32 años.
Fin.
Resultado: Una ciudadanía dividida en tres quesitos.

Los ricos
La “clase media”

Y un último grupo a caballo entre las otras dos que cree que en todo esto lo equitativo es una política de centro. Y que ya que está, que joder, que mola tener un BMW, que puestos a preferir, prefiere pertenecer a esa otra clase más acomodada. A todos los que me hacéis sentir esclavo cada día solo tengo una cosa que deciros: La política o es de izquierdas (de la de verdad, no de la del PSOE o El País) o no es.

Muchos de los que votaron al PP no tienen porqué estar en la tesitura de ser juzgados o ser culpables. Este país educa en la ignorancia y fomenta el ping pong político. Creyeron que lo solucionarían y no les culpo, sus predecesores, esta vez sí, eran de cachondeo. La alternativa en su momento era casi peor.
Ahora, al resto que votáis al PP por convicción y que os da igual qué hagan o dejen de hacer, que no os planteáis nada de lo que pasa a vuestro alrededor y que estáis tan alejados de vuestros vecinos como el propio gobierno no os voy a decir nada pero sí que os remitiré muy amablemente a las palabras de una de las diputadas en el congreso de vuestro partido, Andrea Fabra.

Abro estilo directo y entrecomillo: “Que os jodan”.

Antes y después del 12M

El debate es profundo e intenso pues en las bases del movimiento está la metodología que llama a replantearse las cosas una y otra vez por la oposición de la cultura mediática y, sobre todo, la clase política que se ha esforzado en pedir cuentas, una y otra vez, a un movimiento que nació para pedirles cuentas a los políticos.

A pocos días de que nos plantemos en el 12M las tensiones se avivan, el debate se reabre y nacen nuevas interpretaciones y matices. La tesitura es triste pues la energía de mucha gente en tanto que encontrar trabajo cada vez es más difícil se centra en la propia lucha activa hackeando los espacios, elaborando y cuidando el procomún como es la calle o haciendo pedagogía a través del ejemplo que supone el hacer política en las asambleas de barrios. Pero el miedo, subrayemos esta palabra, se posiciona en todas las que tratan de promover el cambio. El ahogo al que se está sometiendo a la sociedad a base de eufemismos ‘de esfuerzo y ahorro’ por parte del gobierno dificulta las acciones, bloquea y consigue, seamos sinceros, lo que se propone: Parar el replanteamiento de un sistema que se antoja en subsanar y sanear las cuentas a base de tijera dejando de lado el que es el problema de raiz como es la cultura del mercado y el marco de una deuda que crece al mismo tiempo que se compra en pos de su bancarrota.

De los miedos, la falta de esperanza y las líneas que se escriben a base de decreto ley  (15 de las 16 medidas adoptadas por el PP han sido por esta vía) criminalizan, ya no la resistencia pasiva, sino el mero hecho de manifestación en lo que plantea un dura dicotomía entre censura y miedo. Ahora, ¿cuál es el objetivo principal contra el que debe luchar el 15M? Conectar con la gente. Lanzar nodos de acción y sumar a toda una masa crítica dubitativa y bloqueada por la situación familiar y por una cultura de la transición que hace pensar que hacer política es ver el telediario cada día.
Pero la realidad es que el 15M debe estar una y otra vez justificando la no-violencia, la acción pacífica y el arte y el humor que han sido medios indispensables en esos puntos intermedios entre lo que es la red y la ética de cada uno.
Quizás reincidir en el carácter no-violento del propio 15M supone una carga y posiciona al movimiento en una tesitura injusta en la que es él el que está en posición de defraudar a alguien. Ahora, y a título personal, diría que no la reiteración de estas ideas no están de más de igual manera que las manifestaciones masivas consiguen metas que de otra manera son imposibles. De la cultura de la transición y del flaco favor de medios de comunicación está esa otra pedagogía política que solo entiende de cifras y ella actúa y coacciona a mucha gente que ha dejado de creer.
Acción y difusión han sido siempre las vías de un 15M que se ha caracterizado siempre por la puesta en práctica del eslogan no-corporativo más cercano al activismo. ‘Piensa global, actua local’. Es fácil parafrasearse y soltar un ‘Piensa en Sol, actúa en los barrios’. Lo que piensas es lo que te importa, en lo que actúas es donde hay cosas que cambiar. ‘Piensa en Europa, actúa en los mercados’ podríamos aconsejar a un joven Hollande que se desmarca como la esperanza de muchos para plantar cara a Merkel.

Se llega entonces a un día 12M donde los marcos propositivos que nazcan de los puntos informativos son vitales. Difusión. Hacer sentir al ciudadano un actor no-ajeno y no-pasivo de toda esta realidad que nos enmarca es tarea de todos, a base charla y café. Inmiscuir a la calle en nuestras decisiones, tener presente los bienes procomunes, entender de qué manera nos tocan cada una de estas cosas.
El carácter individualista de una sociedad a la que se lanza cada vez más al ‘sálvese quién pueda’ genera diferencias y difumina los objetivos. Importante es entonces acercar el lado colectivo del problema a la ciudadanía y por ende, acercar ese mismo lado a la solución.

La acampada. Algo que se está convirtiendo casi en una palabra tabú. Miedos y porras sobrevuelan las ideas de personas que no quieren dejar de luchar pero que tampoco les es de agrado recibir palos por ello amparándose en la búsqueda de otras alternativas no-violentas, independientemente de que esa violencia venga de otros. También respetar que no todos quizás sean capaces de posicionarse en ese sentido, de llevar cargas a las espalda de semejante tonelaje.

El 12M intentaremos charlar. Ahora, se debe desasociar la conceptualización del 12M como un aniversario. Alejarse de la iconografía y la simbología. Queramos o no las Quechua son al 15M lo que las banderas de PPSOE son a sus respectivos. No deja de ser una bandera, un icono y que, para mucha gente tiene asociadas una serie de connotaciones negativas. Es entonces tarea del 15M ser inteligente y conocer este tipo de pensamientos y realidades, que están ahí, y saber llevar los acontecimientos que se generen de su marco y hacer inclusivo también el discurso semántico, lingüistico e iconográfico renegando de cosas de las que se renegaba en el propio discurso.
Proyectos asociativos, asambleas de barrios, conjunción con otros tipos de lucha o la inclusividad de las permutas son cosas que nacen a la sombra de un movimiento que debe alejarse, en mi opinión, del discurso cosas como la nueva DRY que está cada día más cerca de la parte más rancia y obsoleta de manejo de las ONG’s. Alejarse de las imágenes de marca, no desgastar el concepto 15M y asociarlo a cualquier cosa y, sobre todo, dejar que los talentos surjan como ha estado haciendo hasta ahora.

La presión por el cambio nacerá de la constancia, del refresco de caras en las asambleas de barrio a raíz de este Mayo de 2012, de la generación  de nuevos proyectos, de tejer red entre unas y otras y fomentar formas de comunicación que impidan la censura y fomenten los contextos, el tono de voz o las miradas que aclaren los caminos y desglosen las metas.

Seguimos en las plazas.

De nada sirve demandar cosas que de nada sirven.

Nos equivocamos en la demanda. En esta nueva realidad que nos abofetean en la cara a base de neolengua los cambios nacen desde un discurso despropositivo.

No tocaremos la sanidad.
No tocaremos la educación.
No subiremos el IVA.
No tocaremos las pensiones.
La amnistía fiscal es inconcebible.

Se nos vendió un futuro al que ya hemos llegado y resulta que ese futuro ya no es lo que era. Somos gente sin presente cuya única esperanza y razón es la propia lucha. Una tesitura triste y rancia en la que nos hemos visto envueltos sin querer. Pura inercia.

Nos equivocamos en la demanda.

Morirá gente como Osama Bin Laden, “se les tirará al mar” adjuntaremos foto y pie de foto. Caras tensas, ceños fruncidos y todo de preocupación.
Se matarán elefantes, se incumplirán promesas, se robará y se aniquilarán derechos. Cuando las cosas sean obvias, rebobinar. Volver atrás. Que este presente tampoco era el futuro que ellos se plantearon. En su futuro salían indemnes.

“No volverá a ocurrir”
“No volveré a robar”
“Con su muerte ha ganado la democracia”

Nos equivocamos en la demanda.

La pedagogía que ejercen los políticos es aplastante. Todo es normalizable hasta el absurdo y nadie se pregunta nada. La justicia sirve para juzgar. Al asesino, al ladrón o al que sea, pero para juzgar.

Sin embargo Urdangarín se declarará culpable, devolverá 3,5 millones de € a la administración y nunca pisará esa cárcel en la que se encuentra gente acusada de, supuestamente, quemar un contenedor. Y lleva ahí un mes. Por si se escapa. Por lo visto, no podemos permitirnos dejarle escapar. Cada vez se decide más, lejos de nuestra propia opinión, lo que nos es permisible y lo que no.

La inercia y el despropósito es absurdo. Todo vale. Para según quién.

Nos equivocamos en la demanda. De nada sirve demandar cosas que de nada sirven. Como justicia.

Del 12M y la nostalgia.

Quedan como 20 días para alcanzar el 12M. Fecha que se ha escogido para volver seguir en la plaza. El pasado 15 de Mayo de 2011 miles de personas salieron a la calle y fruto de el estado de ánimo, los motivos latentes y la espontaneidad surgió, a modo de válvula de escape, un movimiento sociopolítico alrededor. Y alrededor del movimiento surgió la marca 15M.
Tras esa marca, con la que una se puede identificar o no,  aparecen grupos de trabajo, asambleas de barrio, colectivos culturales, nuevas amistades, relaciones y un sinfín de cosas más que pueden ser, o no, 15M.

Siempre he pensado que las peores cosas con las que tiene que luchar el 15M son la nostalgia, la semántica o la terminología.

Seguir en la plaza, ocupar el espacio público de nuevo como el pasado Mayo no puede ser el deseo de satisfacción de un sentimiento nostálgico. Si seguir en la plaza se convierte en beber agua cuanto tienes sed después de una larga carrera corremos el peligro de deshidratarnos por el camino más que nada porque esta carrera de fondo esta muy lejos de terminar. Ponerse metas resolutivas, o keyframes en este timeline lo único a lo que nos hace exponernos es a dejar atrás a ciertos actores no precisamente pasivos que, una vez satisfecha cierta sed, desaparezcan. Las metodologías, como tantas otras cosas, nacen de la constancia y en el erotismo de lo que nace y muere nos podemos quedar mareadas. Porque seguir y estar no es lo mismo ni requiere del mismo esfuerzo. Una cosa es aceptar responsabilidad y la otra es delegarla, apoyarla.

Conocernos, charlar, hacer pedagogía unas con otras es y será, en tanto que es algo que no se puede censurar, una vista de la espontaneidad como modelo comunicativo, como proceso  y enunciado del “vamos despacio porque vamos lejos”.

La terminología y la semántica siguen ahí retándonos una y otra vez a reformularnos para encontrar ese consiguiente plus de ‘renovación’ por llamarlo de alguna manera. Palabras como Asamblea, Acampada están demasiado asociadas al refranero quincemayista y pueden llevar a equívoco muchas veces. En el cambiar el lenguaje y hacerlo (aún más) natural, espontaneo e inclusivo está la fórmula, en mi opinión, de llegar a dar con toda esa masa crítica necesaria que está a expensas de que le llames a la puerta. En que las caras que nos hemos ido encontrando en todos esos estadios se renueven con la frescura de gente nueva.

No es un secreto que muchas ya nos conocemos, sabemos quienes somos y, a veces, denotamos cierto grado de endogamismo entre todas nosotras. Pero no el sentido de dejar de ser inclusivas, no, eso sigue ahí. Endogámico en el sentido de que las caras no se renuevan.
Siempre he dicho que para mí lo mejor del 15M es que me ha puesto en la tesitura de conocer gente a niveles que hasta en ciertos momentos me ha costado asimilar. Pero esa posición en la que me he encontrado me ha hecho enamorarme y varias veces al día de un montón de personas. Enamorarme al ser consciente de la capacidad de aprendizaje a la que me estaban sometiendo.

Tenemos los motivos, tenemos las convocatorias, tenemos el estado de ánimo y tenemos un montón de cosas más que nos empujan a estar en la calle, a seguir en ella, a promover el cambio y a cambiar. No tenemos excusa ninguna. El 12M o el día que sea no es, ni debería ser, en mi opinión, un gran eco o RT de lo que ya pasó el año pasado. Perderse en la iconografía o simbolismo de la acampada por el mero hecho de acampar y de lo que ello conlleva no es útil. Es importante, pero no útil. A parte, sólo recordar que alabar el icono que supone una tienda de campaña no es más que una de esas banderas o logos con los que no queríamos tener relación.

Si se acampa, que se acampe, pero que el proceso nazca de un marco propositivo total, del reclamar lo que es nuestro, de tratar de salvar la educación, la sanidad, los derechos de los trabajadores o de mil y una cosas más.

Seguimos en la plaza.

Mea culpa, mea culpa, mea máxima culpa.

Hoy sale el rey por la tele, y esta vez no es para dar su discurso de navidad. Podría haber sido, de paso, un híbrido entre estos y haber metido entre medias su ya famoso “Todos somos iguales ante la ley” pero no.

Ahora una legión de Juancarlistas están detrás alabando la integridad del rey. Y yo me pregunto, ¿cuál es el precedente que se siente ahora? Si todos somos iguales ante la ley, tal y como él dijo ¿me valdrá a mí con pedir perdón cuando haga uso de la resistencia pasiva, por ejemplo? ¿Le puedo pedir perdón al banco cuando me quiera desahuciar?
Esta época en la que vivimos nos exige responsabilidades a todos, a todos los niveles. Desde el económico o de consumo hasta el humano y empático, pasando por el deber de informarse y hacerlo bien, de politizarse y hacerlo bien pero sin embargo todo este margen en la línea de tiempo, por lo que se ve, resiste matices, grises e interpretaciones hasta el absurdo.

Parece como si su perdón fuese más de lo que como ciudadanos estamos en la potestad y el derecho de exigir y se tilda como algo excepcional por su parte. No nos engañemos, lo raro habría sido que no lo pidiese. Cuando las cosas son así de obvias el perdón no es tal, es simplemente protocolo. Es más, en este caso hacemos un acto de denuncia pública porque conocemos tales hechos, ¿cuántos otros no están en el discurso actual?

Por qué me considero #quincemayista

Acampada Sol. Foto de Julio Albarrán

Desde que comenzó el 15M una jauría de definiciones sobre lo que es y deja de ser me rondan la cabeza. Dependiendo de con quién hable y del contexto de la conversación la definición puede ser, en forma, radicalmente opuesta a otra que salive en otro momento. Normalmente y en mi caso suelo llevar este tipo de definiciones a la parte sociológica de todo el embrollo, a las personas y a nuestra forma de entendernos, de leernos y de respetarnos.

Lejos de toda la historia de como fue mi 15M, como llegué hasta él o como llegó él hasta mí voy un poco a, digamos, declarar por qué me considero quincemayista.

En las relaciones personales soy una persona bastante invasiva, lo reconozco. Me suelo saltar bastante a la torera muchos protocolos con el consiguiente rechazo por parte de algunos y el cariño de otros, algo normal y que entiendo. A mí me gusta dar abrazos desde el minuto uno, ponerle nombre y apellidos a los sentimientos y suelo mostrar bastante fácilmente mis debilidades. ¿Qué tiene esto que ver con el 15M? Pues mucho. El 15M ha conseguido instaurar un tratamiento en todo esto excepcional. Desde mi punto de vista, y es algo en lo que estoy convencido, la mayoría de la gente está deseosa de conocerse. Estamos deseando que nos saltemos ese salto que nos hace lejanos o extraños los unos con los otros pues que conocer gente es un placer de la vida no es nada nuevo.
Desde el mismo momento de la acampada se habla de sentimientos de una forma muchísimo más abierta, se eliminan los prejuicios y además, se tiene el valor de, importante, mostrar defectos, y hacer público el error al cometerlo. Nos alejamos del individualismo que nos metieron en el cole, de esa competición que rehuye del beneficio de los intangibles. De repente, como si nada, se tiene como precepto que cualquier conversación puede ser pedagogía, se tiene presente de una manera mucho más formalizada que siempre se puede aprender y que todos los días se hacen cosas buenas. Que, unos con otros, nos servimos de algo.

Por otro lado, una de las peticiones más presentes dentro de todo el movimiento es la representatividad dentro de la política. Otra vez, me considero quincemayista por el imaginario que propone el poder delegar tu propia vida en alguien que no conoces y que la responsabilidad que tal cosa lleva ligada sea recíproca. De igual manera que unos confiaban en mí, a ciegas, yo lo hacía en otros. Y la suma de minorías hacía la mayoría. Y todo cuenta. Es absolutamente curioso enamorarse en cierto sentido de la sensación inherente que da el saber que allá, al otro lado de la plaza o cuatro barrios más al sur hay gente que sí me representa. Gente a la que, probablemente, en muchos casos no vea nunca en mi vida.

Sí, también me considero quincemayista por todo ese precedente que sienta en el barrio. Esa forma de acercar la política al vecino y de eliminar cualquier actor pasivo en ella. De la simpleza que propone la pasión con la que se hacen las cosas y esa nueva forma de lo urbano, donde se amistad, amor y vecindad se unen.

Me considero quincemayista también porque he mejorado. Me habéis mejorado. Todos con los que he tenido la posibilidad de charlar. Ideas que se clavan en tu mente y que adoptas como tuyas. Es un paso más dentro de la cultura libre, un proceso en el que nos influimos unos a otros y adoptamos las idea como nuestras, y cuando creemos que es correcta, se hace pedagogía con ella y se difunde sin sentir que estés robando nada ni estés pasando por encima de ninguna propiedad intelectual. Cuanto más hablemos entre nosotros, mejor. Eso es incensurable. Llevarnos los unos a los otros hacia el librepensar y ser capaces de llegar a conclusiones lógicas, íntegras y basadas en el respeto.

Pero sobre todo y por encima de todo, lejos del marco propositivo del 15M (con el que también suelo estar de acuerdo) me considero quincemayista porque, como ya he dicho alguna vez, el 15M me ha dado y me da la posibilidad de enamorarme a diario y varias veces al día de personas que hacen de la humildad su metodología. De sentirme orgulloso y afortunado de saber que hay una masa pensante que me rodea y que sin conocerme se preocupa por mí. Es de recibo darle ese valor público y tratar de cuidarlo.