Sin libertad de prensa no hay periodismo.

Al grano, que no está la cosa como para perder tiempo. Hoy han sido detenidos dos fotoperiodistas y han sido detenidos en su propia casa, donde ha ido la policía a buscarlos. ¿Su delito? Fotografiar la realidad y no edulcorarla de ninguna manera. Las cosas empiezan con un artículo de Carlos Hidalgo en ABC titulado “La Policía investiga a radicales que se infiltran en protestas como fotógrafos” y seguido de sendas portadas en La Razón marcando directamente a una persona que está realizando su trabajo por no hacerlo bajo el sello de ningún mass media.

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Y ahí es donde empieza toda la maquinaria de un sistema podrido a moverse para criminalizar los movimientos sociales y de paso, ejercer presión sobre aquellas personas que tratan de buscarse la vida de una forma coherente y pudiendo tener la conciencia tranquila con lo que hacen a diario, con su trabajo.

Pero eso en España está mal visto, la cultura política que nos entrama y el contrato social que firmamos al nacer nos tiran hacia la corrupción, de la que nos dan mil ejemplos cada día desde los poderes políticos. El problema se hace más gordo si cabe pues se está atacando a una libertad de prensa que está quedando coartada de cualquier margen de maniobra para relatar una verdad que cada vez es más necesaria. Y no es cualquier libertad de prensa, es la del periodismo y el reporterismo local, esa parte del periodismo que da contexto, situa y enfoca las cosas donde deben estar. Sin ese periodismo no somos nada, somos datos y cifras alejados de las realidades y los apegos que están directamente ligadas a la vida, a nuestra cotidianidad, a nuestro hogar antes de que seamos desahuciados, a nuestros colegios antes de ser privatizados, a nuestra sanidad antes de ser vendida al mejor postor.

Y sin embargo, ahí no acaba la cosa. Estas personas siguen realizando su labor, lejos de un miedo que se quiere infundir en pos de ponerle trabas a una realidad que incomoda. Y como la verdad ofende pasan cosas como estas. En el siguiente vídeo se ve a uno de los fotoperiodistas detenidos hoy como recibe un porrazo en las manifestaciones de la marcha minera del año pasado. (Minuto 4:09)

Pero no acaba ahí la cosa, mientras fotografiaba todo lo que ocurría en los escraches de la Plataforma de Afectados por la hipoteca pasa esto.

O esto, cubriendo la manifestación fascista en Madrid.

Mientras tanto este gobierno se dedica a decir viernes a viernes que están trabajando por mejorar el empleo. Sin embargo la realidad no es otra que esta en la que las personas que quieren emprender y hacerlo de forma autónoma, cuando su gremio es de los incómodos, están siendo perseguidos y criminalzados una y otra vez bajo la rancia y asquerosa excusa de “infiltrados de la izquierda”.

Para colmo, si esto no os parece ya suficiente, los cuidados, esa otra parte del trabajo y de la vida que no se ve, tampoco se están dando como debiesen en eso que muchos llaman a hacer que es el PE-RIO-DIS-MO. Y lo dicen así, sílaba a sílaba. Sin embargo son los que se ponen ese chaleco blanco que lo único que consigue es marcar a los freelance por encima de el resto y hacerles objeto de una violencia policial que no hace falta ya a estas alturas pornerse a desenmascarar. Y por otro lado ves como colegas y compañeros, personas que consideras amigas de inquietud, callan y otorgan con su silencio la razón a un entramado periodístico del que luego se quejan y quieren salvar y quieren hacerlo desde la falsa autocondescendencia esa de “es que mi activismo es informar”.

Pues eso de informar, señalar a los culpables y en general la verdad suele venir dado por una cosa que se llama sentido común, decencia y honestidad.

Y sin eso, no hay periodismo ni hay nada. Por mucho que lo digas sílaba a sílaba.

Las asambleas de barrio en la huelga general del 14N

Nos vamos al 14 de Noviembre, huelga general. La huelga general europea, o al menos del sur. Es una huelga de las de siempre y diferente al mismo tiempo. De las de siempre por el cierto colaboracionismo de algunos de los sindicatos mayoritarios como CCOO o UGT que hacen que la huelga al final se convierta en una fiesta de banderitas y pegatinas. Diferente por la postura general de los PIGS que hacen de el motivo de esta huelga algo más que una simple protesta contra los recortes al trabajador y abren el espectro y ponen el foco donde para muchos está el verdadero problema: la deudocracia o todo este sistema matemáticamente montado sobre el pago de una deuda ilegítima a todas luces en la que se socializan las pérdidas bajo la mirada, impertérrita, de la minoría ruidosa. De la mayoría silenciosa ya ni hablamos.

Ahora bien, la parte local de lo que puede ser el 14N está en parte ligado a las asambleas populares de los barrios y a todo ese entramado que lleva ya más de un año funcionando en barrios y pueblos. Las asambleas se encuentran ahora en la posición de interpelar un discurso y una actuación en cierta parte decimonónico y continuista, aún siendo en ciertos sentidos útil, o por el contrario encontrar nuevas formas de hackear un día o de prácticas y luchas en las que todas sean capaces de sentirse cómodas.
Después de pasarme por un par de asambleas de barrio el debate es prácticamente el mismo y parece replicarse barrio a barrio.

  1. ¿Se hace de piquete a la antigua usanza? ¿Se ponen las energías en conseguir que la huelga sea un éxito entendiendo el éxito como un porcentaje de participación?
  2. ¿Se intenta llevar a cabo el activismo de otra manera de formas más imaginativas (que algunas interpretan como buenrrollistas)?

En mi opinión hay un defecto de forma bastante importante a la hora de definir estas cosas. Por un lado habría que plantearse hasta qué punto una asamblea popular debe interpelar la, digamos, labor de los sindicatos este día y por otro barajar y debatir y hacerlo reposadamente sobre las políticas que puede llevar asociadas acciones como las de un piquete, sea este informativo o del tipo que sea.

A mí se me antoja bastante chungo el crear piquetes con el fin de cerrar comercios y bares sin discriminación ninguna. Las vidas son complejas y cada una estamos expuestas a muy diferentes sensibilidades que hacen que no sea excesivamente justo el hacer un juicio de valor sobre la solidaridad de los comercios en un día de lucha y hacerlo en términos de coyuntura o periodicidad como es una huelga general. Cabe recordar también que las asambleas de barrio, presuponemos, se autodefinen como un espacio inclusivo con tendencia al crecimiento, desde el sentido básico de abrir un hueco a alguien nuevo que se acerca a una asamblea o hasta la mejora y la empatía del ponerse y mirar en el lugar de las personas que, aún no formando parte activa en ella, estén dentro de la pintura de cada barrio. Quizás entonces los piquetes sin discriminación no tengan tanto sentido precisamente por el alejar por omisión a quien no entre en el juego de la huelga.

Si algo bueno tiene esta huelga es esa mirada diferente que se pone  en la deuda, el capital y la ilegitimidad de la socialización de la misma. Así, poner el foco en grandes superficies, multinacionales o bancos puede ser quizás algo donde sí cabría un gasto de las energías. Las formas ya son parte de cada asamblea y esta debería ser capaz de aceptar como un todo las diferentes sensibilidades de acción de las personas que lo forman, desde la que prefiere la parte pedagógica del piquete informativo a priori hasta de aquellas que coinciden en metodologías más cercanas al sabotaje y al boicot el mismo 14N, siempre teniendo en cuenta las realidades que nos han llevado hasta aquí, leasé deuda o leasé capital.

Hay entonces un gran abanico de cosas que se pueden hacer desde una bicicrítica, hasta olvidar la tarjeta a la hora de ir a pagar un carro enorme de cosas en Carrefour, Mercadona o El Corte Inglés así como probarte todo lo habido y por haber en el Zara de turno.

Esta democracia tiene lupus

Cada una solemos tener un forma de acometer los duelos. La democracia, que se nos va, nos está colocando a todas en la tesitura de pasar por todos esos estadios que hemos visto en algún capítulo en la pizarra de House. Aquí entramos todas con nuestras dinámicas para hacerlo lo más llevadero posible. Algunas, como La Mayoría Silenciosa nunca pasarán de la fase de la negación, otras como el PSOE aún siguen en su fase de luto, con un dolor por la separación que les impide actuar sin saber transversalizar un nuevo discurso político que suponga algún tipo de alternativa a lo visto en las dos anteriores legislaturas o al deterioro que está sufriendo nuestra sociedad en esta nueva etapa del PP.
El colaboracionismo se paga con la continuidad de un sistema que estaba bastante renqueante desde hace ya un tiempo. Algunas opinamos que alrededor de unos 37 años para ser exactas. Mientras, los sindicatos, puño e internacional en alto ven pasar una y vez un tren para el que nunca tendrán billete. El discurso les ha convertido en desobedientes pero su desobediencia es de la chunga porque es con la ciudadanía. En un año y medio esta última deja que su representación en la calle, ese último atisbo de libertad que le queda, sea interpelado por actores políticos que nacen a la velocidad de vértigo.

Y es que en la oscuridad la luz brilla con más fuerza. Lo puedes llamar ‘indignados’, 15M, DRY, Juventud Sin Futuro, 25s o como mejor te plazca pero no es más que, y en un algoritmo que cuesta descifrar, la superposición del mérito y el talento por encima de la marca. Sindicatos y ONGs, voces críticas de antaño, se han quedado afónicos. Ahora, entre dudas y continuismo siguen sin saber ver que no es lo mis ver que mirar que observar. No hablemos ya de tener mirada. Son el gato de schöredinger de unas estructuras absolutamente desfasadas.

transición s. f.
1   Situación o estado intermedio entre uno antiguo o pasado y otro nuevo, al que se llega tras un cambio.

Me asaltan las dudas, se hizo una constitución que (palabras, solo palabras) nos representaba a todas. Confundimos la reconstrucción con el progreso, la calma con la mejora y hoy cuando todo este ente se viene abajo me dicen que la política está en otro lugar. Se avanzó en el tiempo y matando ciertos fantasmas por el camino se dieron las estructuras políticas para protegernos de ataques. El artículo 494 del código penal se promulgó con la desidia de las normas a medio hacer.

Ahora la constitución se ha dado la vuelta y ha llamado a la democracia que me ha mirado mal. Todas esas cosas de las que nos dotamos en su día se han dado la vuelta contra sí mismas. Así, gobierno sí gobierno también convierten a la democracia en una enfermedad autoinmune que se degenera a sí misma a base de sus propias defensas. Leyes que se hicieron para evitar la dictadura son las que hoy hacen posible que se pueda ir a “identificar preventivamente” a gente que habla de política haciendo un círculo en El Retiro. Habría que salir a la calle y gritarles a la cara ‘!Es lupus!’

Pero es que sé lo que es sentarse en una plaza. Comparto la necesidad de un cambio incómodo. Las estructuras familiares me flipan en estos contextos. En esta facultad del activismo y la inquietud en la que llevamos un año he visto como madres les explicaban a sus hijas de 4 o 5 años el porqué había que estar ahí. ¿Cómo le explicas a una niña que aunque la constitución diga una cosa hay una serie de personas que pueden hacer otra?

Madres y padres son despedidos de sus trabajos bajo la batuta de una reforma laboral absolutamente demente. Y yo es que estoy en paro, pero me gustaría tener contrato para llegar cada día a mi puesto y cagarme en la puerta y decirle a mi jefe “Eh, oye, verás, estoy haciendo cosas que no me gustan ni a mí. Lo sé. Ahora, no puedes despedirme hasta que acaba mi contrato. Ya sé que firmé que sería un trabajador ejemplar y tal pero eso no importa. Importa que me creíste”. ¿Os suena?

Art. 1 
                      La soberanía nacional reside en el pueblo español, del que emanan los poderes del Estado.

Ahora miro a la cara de todas esas personitas de pequeña edad, ajenas a todo esto, y se me parte el alma. Me da miedo que pongan la tele, salga Cospedal y diga: “La soberanía nacional reside en el Gobierno, del que emana la ciudadanía”. Llamadme loco, sí, pero cosas más raras se han visto.
En la degeneración de esta enfermedad y el duelo solo nos quedamos unas a otras. Los cuidados se vuelven IMPRESCINDIBLES y la inteligencia colectiva cada vez es más difícil de copyrightear.

Es lupus. No tengo duda.

Antes y después del 12M

El debate es profundo e intenso pues en las bases del movimiento está la metodología que llama a replantearse las cosas una y otra vez por la oposición de la cultura mediática y, sobre todo, la clase política que se ha esforzado en pedir cuentas, una y otra vez, a un movimiento que nació para pedirles cuentas a los políticos.

A pocos días de que nos plantemos en el 12M las tensiones se avivan, el debate se reabre y nacen nuevas interpretaciones y matices. La tesitura es triste pues la energía de mucha gente en tanto que encontrar trabajo cada vez es más difícil se centra en la propia lucha activa hackeando los espacios, elaborando y cuidando el procomún como es la calle o haciendo pedagogía a través del ejemplo que supone el hacer política en las asambleas de barrios. Pero el miedo, subrayemos esta palabra, se posiciona en todas las que tratan de promover el cambio. El ahogo al que se está sometiendo a la sociedad a base de eufemismos ‘de esfuerzo y ahorro’ por parte del gobierno dificulta las acciones, bloquea y consigue, seamos sinceros, lo que se propone: Parar el replanteamiento de un sistema que se antoja en subsanar y sanear las cuentas a base de tijera dejando de lado el que es el problema de raiz como es la cultura del mercado y el marco de una deuda que crece al mismo tiempo que se compra en pos de su bancarrota.

De los miedos, la falta de esperanza y las líneas que se escriben a base de decreto ley  (15 de las 16 medidas adoptadas por el PP han sido por esta vía) criminalizan, ya no la resistencia pasiva, sino el mero hecho de manifestación en lo que plantea un dura dicotomía entre censura y miedo. Ahora, ¿cuál es el objetivo principal contra el que debe luchar el 15M? Conectar con la gente. Lanzar nodos de acción y sumar a toda una masa crítica dubitativa y bloqueada por la situación familiar y por una cultura de la transición que hace pensar que hacer política es ver el telediario cada día.
Pero la realidad es que el 15M debe estar una y otra vez justificando la no-violencia, la acción pacífica y el arte y el humor que han sido medios indispensables en esos puntos intermedios entre lo que es la red y la ética de cada uno.
Quizás reincidir en el carácter no-violento del propio 15M supone una carga y posiciona al movimiento en una tesitura injusta en la que es él el que está en posición de defraudar a alguien. Ahora, y a título personal, diría que no la reiteración de estas ideas no están de más de igual manera que las manifestaciones masivas consiguen metas que de otra manera son imposibles. De la cultura de la transición y del flaco favor de medios de comunicación está esa otra pedagogía política que solo entiende de cifras y ella actúa y coacciona a mucha gente que ha dejado de creer.
Acción y difusión han sido siempre las vías de un 15M que se ha caracterizado siempre por la puesta en práctica del eslogan no-corporativo más cercano al activismo. ‘Piensa global, actua local’. Es fácil parafrasearse y soltar un ‘Piensa en Sol, actúa en los barrios’. Lo que piensas es lo que te importa, en lo que actúas es donde hay cosas que cambiar. ‘Piensa en Europa, actúa en los mercados’ podríamos aconsejar a un joven Hollande que se desmarca como la esperanza de muchos para plantar cara a Merkel.

Se llega entonces a un día 12M donde los marcos propositivos que nazcan de los puntos informativos son vitales. Difusión. Hacer sentir al ciudadano un actor no-ajeno y no-pasivo de toda esta realidad que nos enmarca es tarea de todos, a base charla y café. Inmiscuir a la calle en nuestras decisiones, tener presente los bienes procomunes, entender de qué manera nos tocan cada una de estas cosas.
El carácter individualista de una sociedad a la que se lanza cada vez más al ‘sálvese quién pueda’ genera diferencias y difumina los objetivos. Importante es entonces acercar el lado colectivo del problema a la ciudadanía y por ende, acercar ese mismo lado a la solución.

La acampada. Algo que se está convirtiendo casi en una palabra tabú. Miedos y porras sobrevuelan las ideas de personas que no quieren dejar de luchar pero que tampoco les es de agrado recibir palos por ello amparándose en la búsqueda de otras alternativas no-violentas, independientemente de que esa violencia venga de otros. También respetar que no todos quizás sean capaces de posicionarse en ese sentido, de llevar cargas a las espalda de semejante tonelaje.

El 12M intentaremos charlar. Ahora, se debe desasociar la conceptualización del 12M como un aniversario. Alejarse de la iconografía y la simbología. Queramos o no las Quechua son al 15M lo que las banderas de PPSOE son a sus respectivos. No deja de ser una bandera, un icono y que, para mucha gente tiene asociadas una serie de connotaciones negativas. Es entonces tarea del 15M ser inteligente y conocer este tipo de pensamientos y realidades, que están ahí, y saber llevar los acontecimientos que se generen de su marco y hacer inclusivo también el discurso semántico, lingüistico e iconográfico renegando de cosas de las que se renegaba en el propio discurso.
Proyectos asociativos, asambleas de barrios, conjunción con otros tipos de lucha o la inclusividad de las permutas son cosas que nacen a la sombra de un movimiento que debe alejarse, en mi opinión, del discurso cosas como la nueva DRY que está cada día más cerca de la parte más rancia y obsoleta de manejo de las ONG’s. Alejarse de las imágenes de marca, no desgastar el concepto 15M y asociarlo a cualquier cosa y, sobre todo, dejar que los talentos surjan como ha estado haciendo hasta ahora.

La presión por el cambio nacerá de la constancia, del refresco de caras en las asambleas de barrio a raíz de este Mayo de 2012, de la generación  de nuevos proyectos, de tejer red entre unas y otras y fomentar formas de comunicación que impidan la censura y fomenten los contextos, el tono de voz o las miradas que aclaren los caminos y desglosen las metas.

Seguimos en las plazas.

De nada sirve demandar cosas que de nada sirven.

Nos equivocamos en la demanda. En esta nueva realidad que nos abofetean en la cara a base de neolengua los cambios nacen desde un discurso despropositivo.

No tocaremos la sanidad.
No tocaremos la educación.
No subiremos el IVA.
No tocaremos las pensiones.
La amnistía fiscal es inconcebible.

Se nos vendió un futuro al que ya hemos llegado y resulta que ese futuro ya no es lo que era. Somos gente sin presente cuya única esperanza y razón es la propia lucha. Una tesitura triste y rancia en la que nos hemos visto envueltos sin querer. Pura inercia.

Nos equivocamos en la demanda.

Morirá gente como Osama Bin Laden, “se les tirará al mar” adjuntaremos foto y pie de foto. Caras tensas, ceños fruncidos y todo de preocupación.
Se matarán elefantes, se incumplirán promesas, se robará y se aniquilarán derechos. Cuando las cosas sean obvias, rebobinar. Volver atrás. Que este presente tampoco era el futuro que ellos se plantearon. En su futuro salían indemnes.

“No volverá a ocurrir”
“No volveré a robar”
“Con su muerte ha ganado la democracia”

Nos equivocamos en la demanda.

La pedagogía que ejercen los políticos es aplastante. Todo es normalizable hasta el absurdo y nadie se pregunta nada. La justicia sirve para juzgar. Al asesino, al ladrón o al que sea, pero para juzgar.

Sin embargo Urdangarín se declarará culpable, devolverá 3,5 millones de € a la administración y nunca pisará esa cárcel en la que se encuentra gente acusada de, supuestamente, quemar un contenedor. Y lleva ahí un mes. Por si se escapa. Por lo visto, no podemos permitirnos dejarle escapar. Cada vez se decide más, lejos de nuestra propia opinión, lo que nos es permisible y lo que no.

La inercia y el despropósito es absurdo. Todo vale. Para según quién.

Nos equivocamos en la demanda. De nada sirve demandar cosas que de nada sirven. Como justicia.

Del 12M y la nostalgia.

Quedan como 20 días para alcanzar el 12M. Fecha que se ha escogido para volver seguir en la plaza. El pasado 15 de Mayo de 2011 miles de personas salieron a la calle y fruto de el estado de ánimo, los motivos latentes y la espontaneidad surgió, a modo de válvula de escape, un movimiento sociopolítico alrededor. Y alrededor del movimiento surgió la marca 15M.
Tras esa marca, con la que una se puede identificar o no,  aparecen grupos de trabajo, asambleas de barrio, colectivos culturales, nuevas amistades, relaciones y un sinfín de cosas más que pueden ser, o no, 15M.

Siempre he pensado que las peores cosas con las que tiene que luchar el 15M son la nostalgia, la semántica o la terminología.

Seguir en la plaza, ocupar el espacio público de nuevo como el pasado Mayo no puede ser el deseo de satisfacción de un sentimiento nostálgico. Si seguir en la plaza se convierte en beber agua cuanto tienes sed después de una larga carrera corremos el peligro de deshidratarnos por el camino más que nada porque esta carrera de fondo esta muy lejos de terminar. Ponerse metas resolutivas, o keyframes en este timeline lo único a lo que nos hace exponernos es a dejar atrás a ciertos actores no precisamente pasivos que, una vez satisfecha cierta sed, desaparezcan. Las metodologías, como tantas otras cosas, nacen de la constancia y en el erotismo de lo que nace y muere nos podemos quedar mareadas. Porque seguir y estar no es lo mismo ni requiere del mismo esfuerzo. Una cosa es aceptar responsabilidad y la otra es delegarla, apoyarla.

Conocernos, charlar, hacer pedagogía unas con otras es y será, en tanto que es algo que no se puede censurar, una vista de la espontaneidad como modelo comunicativo, como proceso  y enunciado del “vamos despacio porque vamos lejos”.

La terminología y la semántica siguen ahí retándonos una y otra vez a reformularnos para encontrar ese consiguiente plus de ‘renovación’ por llamarlo de alguna manera. Palabras como Asamblea, Acampada están demasiado asociadas al refranero quincemayista y pueden llevar a equívoco muchas veces. En el cambiar el lenguaje y hacerlo (aún más) natural, espontaneo e inclusivo está la fórmula, en mi opinión, de llegar a dar con toda esa masa crítica necesaria que está a expensas de que le llames a la puerta. En que las caras que nos hemos ido encontrando en todos esos estadios se renueven con la frescura de gente nueva.

No es un secreto que muchas ya nos conocemos, sabemos quienes somos y, a veces, denotamos cierto grado de endogamismo entre todas nosotras. Pero no el sentido de dejar de ser inclusivas, no, eso sigue ahí. Endogámico en el sentido de que las caras no se renuevan.
Siempre he dicho que para mí lo mejor del 15M es que me ha puesto en la tesitura de conocer gente a niveles que hasta en ciertos momentos me ha costado asimilar. Pero esa posición en la que me he encontrado me ha hecho enamorarme y varias veces al día de un montón de personas. Enamorarme al ser consciente de la capacidad de aprendizaje a la que me estaban sometiendo.

Tenemos los motivos, tenemos las convocatorias, tenemos el estado de ánimo y tenemos un montón de cosas más que nos empujan a estar en la calle, a seguir en ella, a promover el cambio y a cambiar. No tenemos excusa ninguna. El 12M o el día que sea no es, ni debería ser, en mi opinión, un gran eco o RT de lo que ya pasó el año pasado. Perderse en la iconografía o simbolismo de la acampada por el mero hecho de acampar y de lo que ello conlleva no es útil. Es importante, pero no útil. A parte, sólo recordar que alabar el icono que supone una tienda de campaña no es más que una de esas banderas o logos con los que no queríamos tener relación.

Si se acampa, que se acampe, pero que el proceso nazca de un marco propositivo total, del reclamar lo que es nuestro, de tratar de salvar la educación, la sanidad, los derechos de los trabajadores o de mil y una cosas más.

Seguimos en la plaza.

Mea culpa, mea culpa, mea máxima culpa.

Hoy sale el rey por la tele, y esta vez no es para dar su discurso de navidad. Podría haber sido, de paso, un híbrido entre estos y haber metido entre medias su ya famoso “Todos somos iguales ante la ley” pero no.

Ahora una legión de Juancarlistas están detrás alabando la integridad del rey. Y yo me pregunto, ¿cuál es el precedente que se siente ahora? Si todos somos iguales ante la ley, tal y como él dijo ¿me valdrá a mí con pedir perdón cuando haga uso de la resistencia pasiva, por ejemplo? ¿Le puedo pedir perdón al banco cuando me quiera desahuciar?
Esta época en la que vivimos nos exige responsabilidades a todos, a todos los niveles. Desde el económico o de consumo hasta el humano y empático, pasando por el deber de informarse y hacerlo bien, de politizarse y hacerlo bien pero sin embargo todo este margen en la línea de tiempo, por lo que se ve, resiste matices, grises e interpretaciones hasta el absurdo.

Parece como si su perdón fuese más de lo que como ciudadanos estamos en la potestad y el derecho de exigir y se tilda como algo excepcional por su parte. No nos engañemos, lo raro habría sido que no lo pidiese. Cuando las cosas son así de obvias el perdón no es tal, es simplemente protocolo. Es más, en este caso hacemos un acto de denuncia pública porque conocemos tales hechos, ¿cuántos otros no están en el discurso actual?